domingo, 3 de septiembre de 2006

Alá ha muerto



Los imanes de los cuentos de Borges siempre prohiben los espejos porque les parece abominable reproducir el mundo y el número de los hombres. ¿No es una caricatura un espejo que nos enseña eso que no queremos ver de nosotros mismos? Así se ha levantado el mundo islámico por una viñeta del profeta y amenazan las embajadas europeas pero callan cuando se lapida a una mujer por quedarse embarazada de su violador. Eso no es de devotos sino de degenerados.
¿Son peores los musulmanes que los seguidores de otros monoteísmos? Los cristianos protestaron por La vida de Brian y La última tentación de cristo. En este invierno tan frío, algunos de sus integristas repartieron entre los indigentes comida a base de cerdo para que no pudieran beneficiarse de su caridad ni moros ni judíos. Los israelíes cargaron contra una portada de El Jueves que mostraba a Sharon luciendo una esvástica. Todas las religiones tienen demasiados muertos a sus espaldas y los asesinados por el ateísmo científico se cuentan por millones. Se crea lo que se crea, al final, todos acabamos descubriendo que nuestro padre era Darth Vader. Por eso debemos poder reírnos de todo, el humor es el último bastión de la democracia.
Lo cierto es que esta semana cardenales en Italia y obispos nórdicos se han sumado a las condenas contra la prensa que reprodujo estas caricaturas. Al contrario de lo que pueda pensar la mayoría no estamos ante un conflicto entre Oriente y Occidente sino entre la teocracia (musulmana, cristiana o judía) y la ilustración. ¡Qué alianzas tan extrañas se van a formar!

No hay comentarios: