lunes, 4 de septiembre de 2006

Auge y caída del lord oscuro *


Y ya está. George Lucas pone punto y final a la saga más productiva de la historia del cine con el Episodio III que revela por qué el prometedor Jedi Anakin Skywalker terminó pasándose al lado oscuro. ¿Punto y final? digamos mejor punto y seguido porque Lucas ya ha anunciado sus planes de crear una serie de televisión en la que se narre lo que pasa entre una y otra trilogía, porque la saga todavía puede dar mucho dinero y porque, al fin y al cabo, la galaxia es lo suficientemente grande para que sigan las aventuras. Visionario de muchas cosas, el director logró buena parte de su fortuna al rebajar sustanciosamente su chaché en el rodaje de la primera película, Star Wars. Una nueva esperanza, a cambio de los derechos del entonces naciente merchandising de muñequitos, juguetes varios, camisetas y cualquier cosa que se pueda imaginar. Menos visión tuvo Lucas a la hora de programar los estrenos de los nuevos episodios y no se decidió por la apertura global hasta La venganza de los Sith. Su carencia de fe en ese engendro tecnológico que es internet permitió a los más espabilados en España disfrutar de una muy buena versión pirata de Episodio I meses antes de que la película llegara a las salas nacionales. Ahora muchos de los aficionados esperan poder ver el total de la saga con las seis películas en orden cronológico. Craso error. El propio Lucas recomienda a quien se acerque por primera vez a la galaxia que empiece por los títulos clásicos antes de meterse con los tres últimos filmes. Y lleva toda la razón. Star Wars es una narración in media res en la que se deben concebir los tres primeros episodios como un amplio flash back destinado a saciar el hambre de detalles de los más aficionados y a deslumbrar a los espectadores con lo último en efectos visuales. Toda la historia pierde buena parte de su gracia si no hay la sorpresa de descubrir en El imperio contraataca que el pérfido Darth Vader es en realidad el padre de Luke Skywalker; o la sorpresa del joven aprendiz de Jedi al descubrir que el gran maestro de la fuerza refugiado en el planeta Dagobah no es un superespadachín sino una especie de duendecillo verde enano que predica la meditación y el equilibrio. También pierde suspense la trama si se elimina por conocimiento previo de la historia la tensión sexual en el triángulo Luke-Leia-Han Solo que no se resolverá hasta que el contrabandista interpretado por Harrison Ford es congelado para ser enviado como trofeo al terrible y baboso Jabba el Hutt. Viendo con perspectiva las tres últimas películas, parece que Lucas completó buena parte del guión con detalles para satisfacer a los aficionados más frikis. Aquí se explica cómo se conocen C3PO y R2D2, de dónde viene Boba Fett y cuál es su rostro idéntico a de su clonador padre; por qué el pequeño Yoda es el maestro supremo o cómo se desfigura el rostro del emperador. Finalmente, toda la trama explica el auge y caída de Darth Vader (Dark Father, el padre oscuro, todo el misterio ya estaba explicado desde el primero momento en el nombre del Jedi corrompido) uno de los malos por antonomasia de la historia del cine con su traje negro, su yelmo con rostro cadavérico, su espada laser roja y su voz asmática con tono de Constantino Romero en la versión castellana, ideal para presumir de disfraz en carnaval. Criticada por ser excesivamente infantil (como si todo el mundo hubiera tenido 30 años cuando se estrenó Star Wars) el episodio primero narra el encuentro casual de dos Jedis (uno de ellos el joven Obi-Wan Kenobi) con un soprendente niño que demuestra unas habilidades prodigiosas que indican que podría ser el elegido del que habla una profecía Jedi, aquel que traerá el equilibrio a la Fuerza con la eliminación de los Sith, los malvados caballeros corrompidos por el lado oscuro. El episodio segundo revela más de la personalidad de este aprendiz arrogante y orgulloso, el más dotado de todos los Jedi y que, sin embargo, caerá víctima de las pasiones a las que debería renunciar: la ira por la trágica muerte de su madre le lleva a dar sus primeros pasos hacia el lado oscuro y el amor que siente por Padme le lleva a mantener una relación secreta a los ojos de los célibes Jedis. Con estos mimbres arranca el episodio tercero pero con un planteamiento en que cobran especial relevancia las conspiraciones por el poder, tramas que recuerdan a Julio César pero sin Bruto, y en la que queda retratada la pérdida de la democracia y llegada de la tiranía imperial en nombre de la misma libertad que pretende abolir. Anakin se corrompe por su incapacidad para renunciar al deseo (el deseo como origen del dolor, en plan budista) pero también porque piensa que puede concluir la guerra de un solo golpe e instaurar la paz por la fuerza si es preciso, imponiéndola a la gente por su propio bien. ¿No les suena? Pero hay más porque ya en las tres películas clásica Darth Vader se resistía a ser un malvado monocolor. Así, tras revelarle a Luke que es su padre le propone unirse a él contra el emperador, "juntos podemos acabar con esta beligerancia", le dice para seducirle. También casi al final de El retorno del Jedi, Vader parece dudar de su conversión al lado oscuro: "para mí ya es demasiado tarde" responde a las ofertas de redención de Luke antes de entregarle al emperador. Y es que en Episodio III lo que inspira Vader es compasión.

*Publicado el 22/05/2005 en La Voz de Asturias

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