sábado, 2 de septiembre de 2006

Sobre la cal y la arena

Vamos a ver en qué queda el pulso¶
de los hosteleros rebeldes con la¶
ley del tabaco. Recuerden que hu_¶
bo un tiempo en que se decía ¡sa_¶
crilegio! cuando se quiso etiquetar¶
las botellas de sidra; se iban a res_¶
balar de las manos de los escancia_¶
dores, iba a ser la ruina de la cultu_¶
ra de la manzana. No pasó nada.
Una de cal y una de arena, deci_¶
mos a menudo sin saber cuál es la¶
buena y la mala. Con ambas se¶
hacía la argamasa de antiguas¶
construcciones, la misma que ser_¶
viría para levantar un tabique, ese¶
objeto prohibitivo dado su faraóni_¶
co coste, según nos han explicado.
La cal, diremos, es que el Estado¶
ha decidido velar por la salud pul_¶
monar de sus ciudadanos les guste¶
y no y por eso han decidido restrin_¶
gir los humos en los lugares públi_¶
cos. Nada que objetar, si hablamos¶
de respeto tendremos que empezar¶
por los que no tienen por qué tra_¶
garse el humo de los demás.
La arena, sin embargo, escasea.¶
¿Llegará el día en que el Estado nos¶
diga qué podemos tomar o no en¶
nuestra propia casa? No se lo pien_¶
sen demasiado, en realidad ese día¶
llegó hace mucho tiempo.
Bien está que los médicos nos di_¶
gan lo que es perjudicial, y que las¶
autoridades restrinjan en los espa_¶
cios de todos lo que no tiene que¶
ser para todos. Los fumadores en¶
su mayoría se han alegrado de fu_¶
mar menos en el trabajo o en el ga_¶
rito. Pero a esta cal le hace falta la¶
arena de ir abriendo la mano en la¶
prohición del consumo de todo ti_¶
po de sustancias, que ha creado un¶
sistema mafioso de envenenamien_¶
to por adulteración y corrupción¶
generalizada. Libertad para las per_¶
sonas en sus casas, eso es respeto.
¤+*Periodista

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