martes, 3 de octubre de 2006

El deseo de ser un hombre de Rohan


Si pudiera uno ser un hombre de Rohan, siempre alerta; cabalgando veloz por las llanuras. Olvidando las riendas y las espuelas en la noche, hasta llegar en el amanecer al alto de una colina. Ver la extensión del enemigo en los campos de Pelennor, aferrar la espada, ceñir más fuerte el escudo y urgir la montura con un golpe de los muslos. Al galope, habrían desaparecido las crines y la cabeza del caballo y cualquier destino sería el mejor de los destinos.

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