martes, 31 de octubre de 2006

Vivan los basureros


Sin entrar en el buen o mal motivo de la huelga sanitaria --porque además es responsabilidad de los gobiernos comerse los marrones que se dejan para el final de la legislatura, cuando todo se mira con lupa--, hay algo en la determinación del paro que no suena bien. Un punto de soberbia en el momento de valorar las cartas que es no recomendable en un jugador de póker que sabe remangarse con humildad para hacer buena la partida. A medida que fue creciendo la apuesta la semana pasada, el tapete se llenó de billetes. Que quien quiera cobrar tanto, haber estudiado; que por estas manos pasan vidas... En fin, que somos guays. Y es verdad. Porque cuando duele el cuerpo vale más el consejo de uno que lo conozca que de lectores de posos del café y druidas de herbolario por correspondencia. Pero ni a unos ni a otros, cuando no se calma el dolor, les es lícito decirnos qué hacer con él. Sí que es un oficio muy digno, pero cuál no, cuando se hace bien? Ahí están los basureros que se recorren la noche con eficiencia clandestina, sin un qué tal está usted? cuando se coincide por la calle. Y también es un trabajo que cuando falta, de verdad se echa de menos. Ya puede usted contar por lustros su tiempo de estudios, o tener en la mejor estima la habilidad de sus manos, que como tarden tres días en no recogerle la basura verá que el sentido del olfato, cuando vienen malas, iguala a todos los seres humanos. A la larga, el hueco de cualquier oficio se nos hace demasiado grande a todos, incluso de los que requieren agachar la cabeza para ver que tal se está barriendo.

(Aquí me las den todas, 29-10-06)

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