domingo, 12 de noviembre de 2006

El oro no reluce


Tiene razón Pedro Alonso cuando explica que sin las contribuciones de Bill Gates nadie pondría un duro para investigar las enfermedades que sufren los más pobres. Y el dueño de Microsoft dejó claro en Oviedo que hay demasiadas muertes en los países en vías de desarrollo que podrían evitarse más fácilmente. Bien por la filantropía de los multimillonarios, y a ver si cunde el ejemplo porque los riquísimos hispanos prefieren ver cómo van creciendo sus intereses hasta el día en que ya no pueden llevárselos a la tumba y encima quieren que les quieran. Sin donar una biblioteca a la Universidad o un quirófano al hospital, como en las películas.
Pero dicen que lo cortes no quita lo valiente y la verdad es que demasiadas pocas veces el oro reluce lo que dicen. A Oviedo, Gates llegó por filántropo y no por gurú de la informática, pero sin lo segundo no habría lo primero o al menos en esa medida; y hay muy poca filantropía en la globalización de las comunicaciones. Lo mismo Microsoft que Yahoo o que Google --empresas lanzadas por jovencitos pioneros-- no dudan en entregar al régimen chino a los disidentes que tratan de alzar su voz a través de la red. La libertad que nos da internet aquí se la niegan en Asia porque, dice Steve Ballmer, consejero delegado de Microsoft, que “la única otra opción es abandonar el mercado”. Más o menos la misma excusa que dio IBM para colaborar con los nazis en el recuento de sus exterminios. Ellos hacían computación con fichas y ahora hay microchips, pero hay cosas que nunca cambian.

(Aquí me las den todas 12-11-06)

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