martes, 5 de diciembre de 2006

Adoquines de madera*



A veces la arbitrariedad de los tiranos tiene efectos hermosos. La calle que transcurre delante de la fachada del Museo de los Capitanes Generales en La Habana tiene adoquines de madera. Resulta difícil darse cuenta de que no son piedras hasta que se pisa la calle porque la madera (de un árbol de extraordinaria dureza que ya no recuerdo) está erosionada por el tiempo como la roca.
La calle de madera tiene una explicación. Uno de los muchos capitanes generales, enviado por España para el gobierno de la isla durante la época colonial, dormía su siesta puntualmente a la misma hora de la tarde en una habitación que daba a esa plazuela. El ruido de los carromatos al rodar sobre la carretera no le dejaba conciliar el sueño y mandó (porque así era el mando indiscutible de los capitanes) sustituir los adoquines de toda la vida por otros que amortiguaran el sonido de las calesas.
Todavía hoy demasiados encuentran que las arbitrariedades de los tiranos pueden tener algún efecto hermoso en Cuba. No es así.
Héctor Palacios es un disidente enfermo y sin embargo preso porque no comulga con las ideas del régimen castrista. Su mujer Gisela Delgado a pedido la mediación de la UE para que se libere a su marido, que apenas puede resistir las insalubres condiciones de la prisión. La enseñanza y la sanidad generalizadas están más que bien pero no justifican la ausencia de libertad y la opresión de las ideas.
Quien se precia de llamar al pan pan y al vino vino debe de saber que los adoquines tienen que hacerse de piedra aunque hagan ruido, aunque molesten la siesta.

*Para que no se diga que me gustan más unos tiranos que otros. Este "Aquí me las den todas" fue publicado en La Voz de Asturias el 21-12-05. Ha pasado un año y seguimos igual.

**Actualizado 6-12-06. Raul Castro, en un gesto hacia la disidencia ha liberado a Héctor Palacios.

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