domingo, 10 de diciembre de 2006

Carnaval todo el año


Horror clerical porque el colegio ovetense Veneranda Manzano había decidido suprimir las fiestas navideñas. Ya casi se escuchaba el restregar en el felpudo de las suelas del totalitarismo laicista. Dispuesto a irrumpir en la antesala. La polémica saltó del ámbito asturiano y tuvo su repercusión entre los que viven el Apocalipsis como una cuenta atrás. Ay!, pero taba el capador encima de la gocha . Lo cierto es que el terrible consejo escolar del Veneranda Manzano no sólo había suprimido el festival navideño sino también el del carnaval. Y en ese caso no hubo debate mediático.
¿Vale más tan pequeña derrota navideña que tan descomunal triunfo de Doña Cuaresma? Es verdad que el carnaval no cuenta, al menos en Asturias, con una legión organizada de seguidores capaz de montar en cólera por la supresión de sus festejos además de con el poder de reclamar al Estado una cuota fija del IRPF para pagarse los disfraces. Pero también es cierto que el carnaval tiene rancio abolengo de perseguido, prohibido por el franquismo en sus 40 años de totalitarismo en todas las habitaciones. Ahí han estado flojos los progres de pro que no supieron valorar el disfraz cuando les dieron gato por liebre y les negaron vela para el entierro de la sardina.
Claro que dirán: "oiga no compare". Porque no puede ser lo mismo una fiesta de disfraces que una efeméride central del cristianismo en la que se conmemora nada menos que el nacimiento del Mesias.
O sea, que vivimos el anuncio de la Navidad desde mediados de noviembre como una época de consumo sin límites. En la que las luces del árbol y la paga extra copan con el turrón las expectativas de diciembre. Ningún obispo lamenta que una fiesta esencial de sus creencias se haya convertido en una pantomima invernal que sólo sirve de tirón para la economía. Eso sí, dejad que los niños se acerquen ahí. Ahora lo entiendo: no protestan por el carnaval porque van disfrazados todo el año.

Aquí me las den todas 10-12-06

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