jueves, 4 de enero de 2007

Looking for Fidel


Gracias a los precios reducidos de la Fnac me hago con Looking for Fidel (¿Buscando a Fidel?, ¿será la traducción correcta?), segunda parte de Comandante que nace de las críticas que le hicieron a Oliver Stone por, decían, ser demasiado condescendiente con el dictador. Vaya por delante que ningún documental es inocente pero que a mí, Comandante no me pareció condescendiente en absoluto. Creo más bien que ahí tienen un problema los que piensan que la crítica a la dictadura castrista se reduce a llamara monstruo al dictador y exponer sus crímenes sin más. En Comandante, Castro se retrata a sí mismo como lo que es, sin que Stone tenga que decir mucho más.

Pero vamos a la secuela. Es de destacar una de las primeras escenas en las que varios secuestradores de un avión explican sus motivos en presencia de sus abogados y en la del mismísimo Fidel. La historia concluye con algo que me recuerda a la anécdota de la campanilla de Stalin. Cuando el líder soviético llegaba a un auditorio el aforo en pleno se levantaba a aplaudir y nadie quería ser el primero en dejar de hacerlo por temor a las terribles purgas del tirano. Así que los aplausos se prolongaban indefinidamente y no había manera de empezar el espectáculo o lo que fuera. ¿Solución? Cuando vieron el percal se instaló una campanilla que, después de unos convenientes minutos, indicaba a los asistente que ya podían dejar de aplaudir. Con la tranquilidad de que no ibas a terminar en Siberia. La dictadura sovietica tenía algo especialmente terrible y es que, en sus purgas, los condenados acababan reconociendo sus crímenes como pecados, y no imploraban perdón porque asumían que su castigo era lo correcto.
Algo así llega a pasar con los secuestradores cubanos. Primero reclaman que no les caiga la perpetua. Stone le pide que se pongan su propia pena y uno dice que 30 años sería lo adecuado. Cuando Fidel les pregunta qué habrían hecho ellos si tuvieran “responsabilidad” para frenar la ola de secuestros, uno le contesta que frenar el problema de raiz. Lo que dice el comandante.
Fidel es un tirano especial. La verdad es que la mayoría de los dictadores son muy antipáticos y poco telegénicos. No es el caso del cubano que –a parte de su represión que aquí no se niega—es un cachondo en muchas de sus respuestas y sabe utilizar muy bien los crímenes de los EEUU (que aquí tampoco se niegan) para tratar de justificar los suyos.
Stone llega a acorralarle un poco cuando le expone las críticas de Amnistía Internacional. Fidel responde que qué dicen de EEUU. Stone se lo muestra, Amnistía da palos a to quisqui, y Fidel dice que es que no cree en AI, que si es el espíritu santo.
A pesar de su verborrea, Fidel tampoco es capaz de dar una explicación convincente de por qué no ha cedido el poder a una generación más joven si tan seguro está del triunfo de la revolución en el corazón de los cubanos. Es decir, no encuentra argumentos para negar que se aferra al poder.

A mi me han gustado los dos documentales de Stone. Repito que no son inocentes (las últimas declaraciones de Fidel en la secuela hablando de que EEUU sólo acepta la rendición se acompañan de la toma de Bagdad) pero no entiendo las críticas de apaciguamiento que le hicieron al director norteamericano. Ya se las podían haber hecho en Alejandro Magno. ¡Menudo rollo!

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