domingo, 11 de febrero de 2007

Coherencia racista


Tres parejas flamencas han anulado su bodas porque no querían que les casara un concejal negro. Wouter Van Bellingen, que es como se llama el edil de Flandes, no se pica y dice que van a tener que esperarse a las elecciones o cambiar de ayuntamiento.
Los racistas de los Países Bajos --como los homófobos en España-- dirán que es una cuestión de objección de conciencia porque las bodas, últimamente, se han vuelto muy polémicas. El caso es que tenemos un problema, pero no de educación o de civismo, como podría creerse, sino de falta de coherencia.
Es decir, lo que hay que hacer es asegurar bien la identidad de estas parejas para que a lo largo de su vida no tengan que llevarse estos disgustos. Si un día tienen que pasar por el quirófano para algún tipo de operación, el Estado debería asegurarse de que la sangre que le tenga que ser donada pertenezca a un individuo sin mácula racial por múltiples generaciones. De esos que no existen, ya me entienden. Si un día requieren un trasplante de pulmón, corazón u otras vísceras; habrá que apartarlos de la lista de espera común e incluirlos en una sólo para arios superpuros. De esas que se pueden prolongar, no por meses, sino por años.
El problema es que la gente no tiene palabra. Un racista de pro debería asegurarse de que no habita una casa que haya sido construida por mestizos y se conformaría con vivir debajo de un puente en aras del orgullo blanco . Más aún. No usen la rueda, no tomen aspirinas, no se atrevan a escribir con tinta. Son inventos extranjeros.
(Aquí me las den todas, 11-2-07)

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