jueves, 15 de febrero de 2007

Un país de químicos


Una visión ñoña e idealizada de la Grecia clásica pinta a los atenienses como una sociedad de críticos de arte. Por ese camino, los asturianos nos hemos convertido en una sociedad de filólogos expertos en diglosías, cada uno de nosotros con una opinión formada e inamovible sobre la diferencia entre lengua y dialecto. Ahora España ha llegado a ser un país de químicos.


Suerte que los Reyes Magos me trajeron de pequeño el Quimicefa. Si no, hubiera resultado imposible leer la prensa en los días previos al inicio del juicio del 11-M. Con los temas polémicos siempre hay que leer todos los puntos de vista. Sin embargo, hay estos días gente que miente. Más aún, gente (que, incluso cuando Aznar ya ha reconocido que no había armas de destrucción masiva en Irak, lo han sostenido hasta anteayer) que hoy sigue con el "titadine" (sic), aunque haya sido totalmente descartado.


Quizá el el juicio la conspiración se "diluya como un azucarillo" (Ekaizer, dixit) pero me temo que los conspiradores continurán hasta el final porque no les importa nada ni la verdad ni la justicia. Es un punto peligroso de la historia de España que empieza de risas pero no se sabe como terminará porque que los implicados no quieren ponerle fin.


¡Ojo la carcundia! Existen las hemerotecas, youtube, y hoy todo el mundo tiene cámara en el móvil. Cada vez será más difícil decir que diego donde se dijo digo.

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