domingo, 25 de marzo de 2007

Me gustó más el cómic


Pues ya vi 300, en una sala Imax, como dicen que debe ser; y el resultado es agridulce como el cerdo.
(Inciso: 300 es ya como un gochu espartano del que se aprovecha todo; lo mismo le vale a Pedro J para pontificar sobre la supuesta anexión de Navarra, que a los iraníes para protestar por la imagen que se da de los persas. Y digo yo, por apuntarme a ese carro, ¿quién paga a los éforos de aquí, que tan mal nos aconsejan las guerras)

Agridulce porque si hay escenas y sucesiones de escenas que se disfrutan realmente, no deja de ser cierto que hay partes de la película que se hacen pesadas (pecado mortal en este género bélico-fantástico), otras (como toda la trama de la mujer de Leonidas en Esparta) deberían desaparecer definitivamente porque no aportan nada (para la salida en DVD, por favor, una edición reducida) y deja muy evidentes sus deudas cinematográficas. Desde luego con El señor de los anillos (si es que sale hasta Fáramir), especialmente en las apariciones del espartano chepo y en los planos en picado (la batalla final, tremendo plagio de toda la tradición); pero también con Matrix y esto parece un problema de muchas más películas. Definitivimante 300 abusa de la cámara lenta, mucho, mucho.

Pero estamos en lo agrio, vamos a lo dulce. Es genial el arranque de la película con la historia de Leonidas-niño paralela a la explicación de la eugenesis de Licurgo. En general la película gana cuando se ciñe al cómic –y por eso es cierto, como se ha dicho, que es una sucesión de viñetas—aunque el árbol de los muertos está bastante bien.

¿Es gay 300? En el peor sentido de la palabra sí, y me explico. Llega un momento en que la pasión por los músculos y el photoshop se desborda y aparenta un catálogo de números atrasado de Centurian, hay algún diálogo que juega al equívoco pero como en tiempos de Espartaco y ya estamos en el año 2007. Para eso era más honesto hasta Oliver Stone en su plasta de Alejandro Magno. No se ha sido gay en el buen sentido, por ejemplo, manteniendo (como en el cómic) a los espartanos desnudos si están en casa. El fardahuevos de cuero que llevan a la guerra es como un tanga de cuero sado que te agenciaras en un buen sexshop. La peña que estaba conmigo en el cine se rió un momento con Jerjes, cuando dice, susurrando a la espalda de Leonidas, que no es a su látigo lo que temen sus soldados. La frase, que sí está en el cómic, no funciona por un problema de interpretación, quizá el doblaje, no sé.

Desde luego ese Jerjes a mí me parece un acierto, diabólico, ambiguo, perverso, gigante... No me ofende que los inmortales persas sean monstruos, ni los rinocerontes de guerra, ni las cien naciones de Asia con sus magos y sus granadas... Lo bueno de esta película está muchas veces en el exceso (y lo malo, desgraciadamente, también).

Bien, aunque podría ser mejor, que el narrador resulte ser un propagandista para la siguiente batalla. Otro día lo hablamos más largo, pero es una constante pagana en la civilización occidental que se puedan cantar las gestas para que el heroísmo no caiga en el olvido. Esto de occidente va también porque la peli apuesta por un cierto eurocentrismo de la lógica contra Oriente, dicho mal y pronto.

Merece la pena verla aunque se hace algo larga, y al final, como se suele decir, me gustó más el cómic.

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