sábado, 10 de marzo de 2007

Osama de cerca (menos 40 páginas)


Leo con interés el libro “Osama de cerca” de Peter Bergen, publicado con Debate al que sólo le pongo un pero, que a la edición que me han enviado le faltan 40 páginas de los últimos capítulos, en concreto en las que se habla de los atentados del 11M en Madrid, así que en casi todo lo que diga por aquí, lo mejor me columpio. Pero bueno.

El libro de Bergen mola porque se lee de forma amena, son testimonios recogidos de personas que conocieron en persona a Osama, un tipo que desde su más tierna infancia destaca por su profunda religiosidad, rayana en un fanatismo al que llegará tras pasar unos años de yihad en la guerra de Afganistán contra los rusos. ¿Hereda Osama su religiosidad? Algunos de sus hermanos le rechazan y también algunos de sus hijos. El padre (que murió cuando Osama tenía 10 años) era constructor, por lo que ganó su fortuna, y arregló las tres mezquitas más importantes del Islam –las de la Meca y Medina, además de la de Jerusalén--. La pasta de papá Bin Laden le permitía tomar un avión privado para rezar por la mañana en una, por la tarde en otra y por la noche en la tercera. Papá hizo bastante porque el nene se volviera como es.

Destaca Osama porque, a pesar de toda su pasta gansa, es capaz de gastársela pródigamente en su causa, lo que convence a sus seguidores. Renuncia al hielo y al agua fría y pide a sus hijos que no se acostumbren a los electrodomésticos porque no los habrá en su yihad. Come pan duro y duerme en el suelo con sus hombres. A esos no se les podrá comprar y por eso han fallado todas las recompensas que se ofrecen por él. Así lo apuntan Bergen.

El fanatismo de Osama raya en la locura pero eso no quiere decir que sea tonto. Hay una discusión entre los propios islamistas acerca de si su estrategia es adecuada. Con el 11-S, Osama espera que EEUU invada Afganistán por tierra y espera una guerra similar a la que le enfrentó a los rusos. No hay tal y –hasta hoy, y de momento—el régimen talibán que le cobija desaparece.

Aquí llega mi balanceo de columpio porque no sé si Benger lo trata. Lo cierto es que el error de táctica de Osama (al no lograr una guerra abierta en Afganistán) se hace un éxito con la invasión de Irak. Osama odia a Sadam (lo llama “hijodeputa ateo”) pero la entrada de las tropas occidentales en Bagdad le proporciona el territorio soñado donde desarrollar su yihad paralela a la rusa en el Afganistán de los 80. Este, creo, es el análisis que aún no se ha hecho de la guerra de Irak y que tiene muy difícil solución.

Bergen se detiene a estudiar si sería mejor un Osama capturado o muerto. Lo más probable es que jamás le pillen vivo ( Osama sueña con el martirio, tiene una granada para volarse por los aires y un guardaespaldas especializado con una pistola con dos baslas, sólo para el jeque) aunque vivo también daría problemas. Los primeros toma de rehenes a cambio de su liberación. El curioso análisis de Bergen establece una comparación con la captura de Sadam. Dice que verle sumiso ante el médico que le despioja acabó con su imagen. El libro de Bergen debe estar escrito antes de que el ahorcamiento de Sadam se difundiera por la red horas después de su muerte.

Es muy difícil saber como será la cuestión de la imagen mañana, en un mundo que cambia en segundos. Sí es para estudiar (otro día) lo que la Umma –la comunidad de los creyentes del Islam—le debe a internet. Por cierto, invento del gran Satan y del ingenio de Occidente, donde –según Osama—las mujeres son “rameras o marimachos”.

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