lunes, 7 de mayo de 2007

Acabar con mayo del 68


Felicidades Sarkozy, felicidades Francia. Grandeur cuando la derrotada Royal asume lo que hay diciendo: "el sufragio universal ha hablado". Aquí llevamos tres años de conspiración. Espada y André Glucksmann están de enhorabuena. Quizá Rajoy crea que también, pero él no sabe que apenas tiene nada que ver con Sarko. Estudien la historia, De Gaulle luchó contra Vichy, en el último PP se muestran orgullosos herederos de los adoradores del Eje.

Comprendo la estupefacción de Glucksmann cuando (El País, hace unos días) un hombre le preguntó "¿cómo puede sonreir a un niño y a la vez apoyar a Sarkozy". Los hay gilipollas. A mí me pasó cuando, junto a millones de pininos que nos opusimos a la Guerra de Irak, desde el Gobierno me llamaron "compañero de viaje de Sadam". Ojalá acierte ahora André, con Irak se equivocó de cabo a rabo.

¿Quién teme a Sarko? Por aquí nadie debería hacerlo. A mí sólo me preocupa esa reiteración con acabar con "la herencia de mayo del 68". Yo nací en 1976, siempre pensé que era una revuelta sobrevalorada, se acabó con las vacaciones de verano. Muchos de sus protagonistas la despreciaron en un lustro (genial, Nano Moretti en Caro Diario, ve una peli de progres arrepentidos que se lamentan de las barbaridades que gritaban en las barricadas. "Yo gritaba cosas justas", no se reconoce Moretti. Piense que los maoistas de entonces, los que acusan de pequeñoburgueses a los moderados, militan hoy en el ultraliberalismo, hablan en la Cope. No es un problema ideológico sino patológico, es gente que sólo sabe vivir en los extremos).
Vuelvo al tema. Mayo del 68, como revolución fue un fracaso. Pero su legado ya es inmortal, está en la médula de la cultura occidental. Fue el momento de las flores en los cañones de los fusiles, de darse besos, el amor libre de los adolescentes es la sana vida sexual de los adultos, el reconocimiento a los homosexuales...

La revuelta del 68 empezó al volver a casa, cuando los hombre empezaron a fregar los platos, cuando se pensó que no estaba bien pegar a los niños. El legado definitivo de ese mayo es el humor en las proclamas (prohibido prohibir, los adoquines y la playa) y hoy, eso es las viñetas de Mahoma. Sí hay zotes que piensan (en todos los hemisferios cerebrales) que hay un conflicto de civilizaciones cristiana y musulmana. No hay tal, es una lucha entre la ilustración laica y la barbarie religiosa.


Epílogo audiovisual. Vuelva a ver Soñadores de Bertolucci, sobre todo el final:


No hay comentarios: