lunes, 14 de mayo de 2007

Citius, fortius, altius


Más lejos, más fuerte, más alto. Era el lema clásico de las competiciones olímpicas que, si tenían cosas peores (las mujeres no podían acudir a los juegos, los atletas competían desnudos), también fueron mejores en que no había guerras durante su celebración. Las olimpiadas modernas han sufrido muchos boicots durante la Guerra Fría.


El chico de la foto es Oscar Pistorius, tiene 20 años, y aunque lograra la marca necesaria para ir a Pekín, la organización no le dejaría competir porque tiene prótesis. Así los juegos pasan ya definitivamente de ser una competición deportiva en la que prima la superación personal y se desenmascaran como lo que realmente son, un espectáculo mediático a mayor gloria de los patrocinadores multinacionales. Bueno, aunque no deja de ser una celebración del Estado-nación.

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