lunes, 14 de mayo de 2007

El lado oscuro. Día 4

En la taberna




Al abandonar mi nave ayer por la mañana pensé que la huelga de transporte se había extendido a todo tipo de actividades económicas. Todos los comercios estaban cerrados con excepción de las tabernas. Pensé que, o bien los principianos habían decidido mantener un pulso económico con sus dirigentes antes de las elecciones, o que podría tratarse de algún festejo local.
Más tarde, al iniciar mi recorrido por las calles de la capital del Principado he comprobado que es más correcta la segunda hipótesis. Mis indagaciones me han llevado a pensar que un día a la semana los habitantes de este planeta renuncian a sus quehaceres diarios y se dedican a callejear por la ciudad. Por lo que he podido comprobar hasta el momento, todo está estrechamente relacionado con las carreras de vainas. El Principado se paraliza para seguir la clasificación del corredor que es un ídolo local pero que ayer quedó en un tercer puesto. Algunos de sus seguidores celebraron el resultado de la carrera imitando a su ídolo y dando bocinazos desde vainas primitivas para emularlo. Algunos, al ver que llevo el mismo símbolo que ellos en mi prenda azul, me saludaron como si fuera uno de ellos.
(Anotación climatológica: una fuerte racha de viento solar barrió ayer el planeta) Muchos de los carteles electorales aparecían ayer tirados por el suelo debido al fuerte viento. El partido que promete matar seis toros se vio especialmente afectado porque sus pancartas están situadas más altas que las de sus adversarios. En el suelo he encontrado algunos pasquines electorales que me llevaré más tarde a la nave para analizarlos en mi computadora. Uno promociona a un tipo con capa que se llama Suarman; el otro anuncia una extraña candidatura denominada Braga sin costura 3x5.
Definitivamente, las vainas son lo más importante para la vida de los habitantes de este territorio. Los máximos dirigentes han inaugurado hoy una vía especial que transcurre desde la capital de los principianos hasta la otra ciudad que se llama Gijón. Algunos principianos se apresuraron a realizar carreras en la nueva vía en lo que debe de tratarse de una especie de ritual del día de descanso semanal. Los líderes que abrieron la vía se extrañaban de la ausencia del alcalde de la capital de los principianos (al que el otro día en la ciudad le habían erigido un monumental retrato); y el que me pareció el jerarca de más peso destacó ante los presentes, cuando quien explicaba la obra exponía las toneladas de material que se habían utilizado, que "a él no le importan los kilos". Algo que causó gran hilaridad.
Como todo parece estar cerrado (anotación: aún no puedo descartar la teoría de la extensión de la huelga de transporte. Tanta insistencia con la importancia de las vainas me resulta sospechosa) menos las tabernas, decidí confraternizar con algunos de los nativos.
Me invitaron a probar una bebida que al principio parece que facilita la Fuerza, pero que abre caminos al lado oscuro si la bebes en exceso. La extraen de la manzana y a los pocos vasos me sentí empujado a entonar una melodía que los nativos reconocieron como el himno de los principianos. Me explicaron que cualquier bebida en todo el planeta tiene el mismo efecto, con la misma música.

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