viernes, 15 de junio de 2007

Dejà vu astur en Fátima


En el verano del año 2000 ya habían quedado atrás los temores milenaristas del cambio de año, las reiteradas polémicas sobre si se cambia o no de milenio y siglo (por eso de que el cero es muy posterior a cuando se empezó a contar los años) e, incluso, las falaces profecías sobre catástrofes informáticas que amargaron la navidad a los más ingenuos. Eso hasta el verano, porque el 26 de junio el Papa Juan Pablo II anunció la revelación del tercer secreto de Fátima, y de nuevo regresaron las especulaciones sobre el fin del mundo.
Se trataba de la tercera profecía dada por la Virgen María a tres pequeños pastores portugueses en 1917. Los dos primeros misterios se hicieron públicos en 1941, en plena guerra mundial, y el tercero se guardó en secreto, aunque escrito en 1960 para ser revelado al Obispo de Roma. Sería Wojtyla quien 40 años después decidiera darlo a conocer a la cristiandad apagando algunas de las teorías que ese secreto había propagado entre la rumorología y abriendo otras nuevas, pues era una visión de ángeles de espadas en llamas y de la muerte de un obispo vestido de blanco.
De entre todos los que se dedicaron por aquel entonces a analizar la revelación destaca la crónica realizada por Umberto Eco y que fue publicada en el diario L´expresso en julio de aquel año, un artículo que está recogido en el último libro de semiólogo publicado en España, A paso de cangrejo (Debate); y destaca porque Eco explica que, al leer las proféticas líneas de Sor Lucía, sintió un dejà vu que le llevó a pensar nada menos que en Asturias.
Eco comienza diciendo que, mientras leía el documento, "tenía la sensación de leer algo familiar", desde luego muchas citas, más o menos parafraseadas, del Apocalipsis de San Juan, que tiene su origen, según Eco, en que "la buena hermana escribe no cuando era una niña analfabeta, sino en 1944, siendo ya una monja adulta". Del Apocalipsis a la primera Epístola de san Pablo a los corintios, Eco va encontrando las numerosas fuentes de inspiración inconsciente de Sor Lucía, y aun más. Dos imágenes de la esperada revelación le llaman poderosamente la atención: la de "un ángel con espada de fuego que parece querer incendiar el mundo" y otros dos ángeles "que derraman sangre con una regadera (en portugués un regador ) de cristal" --un aspersorium , en la versión fina--. ¿Por qué una regadera? Se pregunta Eco y se responde "He pensado que Fátima no está lejos de aquella Asturias donde en la Edad media nacieron las espléndidas miniaturas mozárabes del Apocalipsis", ilustraciones del Beato de Liébana. En él están los ángeles "que vierten sangre a chorros de unas copas de forma imprecisa, exactamente como si regaran el mundo, y también trompetas como espadas escarlatas. Hasta Ratzinger, hoy Benedicto, se dio cuenta en su comentario teológico y concluye Eco, nada misteriosamente, que "cada vidente ve lo que su cultura le ha enseñado".

No hay comentarios: