martes, 26 de junio de 2007

La ventaja del creyente


De un tiempo a esta parte es frecuente entre obispos y propagandistas católicos en general quejarse de las desventajas que sufren, a su modo de ver, los creyentes en una época, también dicen, marcada por el laicismo y el furor de los infieles. Sin embargo, parece que los hechos desmienten ese handicap , que dirían los pijos.
A nivel judicial, por ejemplo. Si, cansado de la vida, tratara de argumentar con tesis estrictamente racionales su deseo de que le ayudaran a suicidarse sin dolor y con asistencia profesional, se lo negaría cualquier tribunal. Pero si se planta ante un juez y con la cara muy seria asegura que su interpretación de los textos sagrados de la tradición judeocristiana le prohíbe recibir transfusiones de sangre, no tendrá ningún problema. Sus creencias basadas en la fe lo primero, guárdese construcciones lógicas si no tienen profecías.
Lo mismo pasa con la guisa y la escuela. A un profesor de un colegio (concertado) de Granada le despidieron por negarse a quitarse un piercing para impartir música. De nada le valió explicar que a él le gustaba ir así, y que sería antihigiénico ponérselo y quitárselo cada día. Otra cosa hubiera sido si llevara un hiyab . Entonces le avalaría un argumento religioso, los amantes de la multiculturalidad y todos los embajadores de la Liga Arabe. ¿Qué puede contra eso el riesgo de una infección en la ceja?
Ahora el Vaticano recomienda santiguarse para coger el coche y un rosario mientras se conduce. Tome nota si teme por sus puntos y le pillan hablando por el móvil. Diga que rezaba. Es demoledor.
(Aquí me las den todas, 24-06-07)

1 comentario:

Small Blue Thing dijo...

Como se nota que no has intentado currar con hijab, amigo mío.

A mí no me hizo falta ni ponérmelo: fue enterarse de que soy musulmana y a la santa calle.