lunes, 18 de junio de 2007

Yo, el spoiler


Salgo de ver El sueño de Casandra en Avilés, la última de Woody Allen, en versión original para desgracia de los estómagos agradecidos que la vieron sin tener que hacer cola y que se han malacostumbrado en los cines de grandes centros comerciales donde los reposabrazos dan para todos. En la Casa de la Cultura de Avilés no, y además tiene un sonido muy malo.


Pero la peli es buena, no digo muy, aunque digo por delante que yo soy un fan de Allen y aunque no me encanten todas sus obras, ninguna me ha dejado mal sabor de boca. Bien, yo creo, el reparto, McGregor cínico hasta cierto límite y (¡oh! sopresa) un Farrell contenido que se ajusta muy bien a su papel atormentado.


Dije spoiler pero no creo que lo sea mucho, El sueño de Casandra es otra vuelta de tuerca a esa historia que fascina a Woody Allen y que ya contó en Macht Point, y mucho antes en Delitos y faltas. El crimen y el arrepentimiento, aquí con las dos posiciones repartidas en dos hermanos que se han cuenta de que cruzar una línea es abrir las puertas del infierno. Dicen que a Allen parece que le aburre rodar el final. Quien lo piense se reafirmará al ver el de ésta, pero yo no lo creo, ese es el mensaje de inmoralidad de estas historias, con una trágica banda sonora, y un corte súbito en una escena aparentemente inócua.
¿Quién era Casandra? Condenada por los dioses a ver el futuro pero que nadie creyera sus profecias, la relación con el guión no es segura. El sueño de Casandra el nombre del barco que compran los dos hermanos y donde se cumple la tragedia al final. En cierto modo, el desastre se anuncia a lo largo del filme sin que ninguno de los dos quiera creerlo.
Epílogo social. Antes del pase, hubo una protesta por el pérfido encarcelamiento de Carnero y Morala, líderes sindicales que inspiraron Los lunes al sol, y que van al talego por el supuesto delito (pues quizá no fueron ellos) de romper una cámara en una protesta en los astilleros. Los jueces y fiscales, fuertes con los débiles, débiles con los fuertes, no son tan exquisitos para perseguir los delitos inmobiliarios.

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