martes, 7 de agosto de 2007

Harry Potter, punto y final



Quizá los crueles tíos de Harry Potter le obligaban a vivir en la alacena bajo la escalera, pero seguro que el duro suelo de ese hueco donde dormía estaba amortiguado con moqueta. En el fondo, buena parte de la gracia de la saga del mago está en lo extremadamente británica que es esta historia, con su humor (léase jiumor), su colegio con casas mayores, su deporte sobre escobas y un aroma a niebla y té que está en muchos detalles y en ninguno en concreto.
Yo me cogí Deathly Hallows (las reliquias de la muerte me parece la mejor traducción) como lectura de verano y la verdad es que me gustó bastante. Tiene un ritmo trepidante, que para algo es el final de la saga, y además, me recreé en mi capacidad para leer en inglés sin ayuda del diccionario por primera vez en mucho tiempo. Sería buen libro para recomendar en los colegios. En todo caso si tienes muchas ganas de leerlo y no te apetece esperar a la traducción de Salamandra, aquí hay una versión en castellano que me pareció (a vista de pájaro) que está bastante bien.




De la trama no me corto en contar cosas aunque me llamen spoiler, si no quieres saber el final deja de leer aquí. Primero, hay que señalar que las famosas fotos con imágenes del epílogo (esa de ahí arriba) eran verdaderas, y sí Harry se casa con Ginny y Ron con Hermione. Ninguno de ellos mueren. Este aspecto me parece bastante criticable (lo de la trama, no lo de las fotos) y hubiera deseado que Rowling fuera un poco más valiente. Los muertos son realmente secundarios aunque les puedas haber cogido cariño (Lupin y Tonks, Dobby o Fred) y la verdad es que nos da lo mismo que sigan o que no. Quizá al fin y al cabo hay que recordar que se trata de unos libros para niños, pero entonces deberíamos discutir si es que los niños no deben aprender que la vida tiene muchas decepciones. La batalla final en Hogwarts tiene un punto de revival con la aparición de casi todos los personajes, aporten o no, como una despida de traca, aunque no deja de tener su punto el enredo de la elder wand (la varita de saúco, creo, uno de las reliquias de la muerte) que acaba enlazando con el supuesto asesinato de Dumbledore a manos de Snape.
No es por ir de listo (yo me trago casi todos los artificios narrativos) pero al final del sexto libro yo estaba casi seguro de que el asesinato de Dumbledore estaba pactado con Snape y así es. Sí que me gustó el capítulo dedicado a rememorar (a través de sus recuerdos) la vida del maestro de pociones, su pasión por la madre de Harry y sus jugueteo juvenil con las artes oscuras.
No menos peligroso que el del propio Dumbledore y creo que esa es otra virtud del libro. En ciertos momentos parece que el venerable barbudo va a terminar siendo un cabrón del carajo y tampoco es eso, aunque está bien que se mantenga la duda unas cuantas páginas. Lo peor, en mi opinión, es que el final es un poco apresurado. Al fin y al cabo, los tres protas –Harry, Ron y Herminione—se pasan medio libro escondidos en una tienda de campaña entre muchos peligros que no les dejan salir y de la muerte de Voldemort al epílogo de 19 años después no hay nada.
¿Qué pasa con todos los demás mortífagos? ¿Se le perdonan todas las maldades de los Malfoy porque son más tontos que malvados? ¿Es Dolores Umbridge una mortífaga? ¿Por qué tenía ella en su despacho el ojo loco de Moody? Y sobre todo, visto el comportamiento del 90% de los alumnos de Slytherin en la batalla final, ¿cómo se les permite irse de rositas? Aquí hay más redención que justicia.

Los libros de Rowling superan con mucho a las películas (las tramas son mejores, los personajes son mejores y más y desde luego hay mucha más retranca), ahora bien, no pienso perderme en pantalla Imax y a ser posible en 3D, esa batalla final de Hogwarts.
Actualizado (08-08-07) Los peligros de las traducciones piratas, detienen a un joven francés por traducir, y por lo visto muy bien, el último Harry Potter.

1 comentario:

Eva dijo...

Yo tampoco entiendo cómo con el libro tan largo que ha escrito no explica que pasa tras la batalla final, y continúa 19 años después. Deja demasiadas cosas sin explicar.