domingo, 2 de septiembre de 2007

Para no pecar


Tenía 30 años y, bajo su punto de vista, demasiados pecados en la cabeza. Tantos que se aplicó a lo bestia el dicho de cortar por lo sano. Lorena Bobbit de sí mismo, hecho un Van Gogh pero artista del onanismo, se cortó el pene y lo tiró al retrete. Cansado de "pecar" según confesó sin absolución posible de los servicios sanitarios por la intolerancia de los desagües.
Fue en Salamanca esta semana que termina, porque era un joven cuya mano izquierda siempre sabía lo que hacía la derecha; porque mientras se debatía en los parlamentos la castración química, él eligió la física del cuchillo, hierro y carbono, que es acero inoxidable. Hizo cierta la queja común de las mujeres de que los hombres piensan menos con la cabeza que con lo otro y decidió arrancar de sí las malas ideas. En una como una olla, que se la había ido, sin duda. Pensó que tiraban demasiado de él, mucho más que dos carretas. Las crónicas más asépticas terminan con que todo parecía indicar que había sufrido algún trastorno psicológico. El caso es que el trastornado justificó su mutilación en el temor del pecado y quiso pagar en esta vida las deudas de la próxima con menos que una libra de carne, más avaro que Shylock. Ahora que vuelve a debatirse la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los padres probos que tanto saben de pecados se escandalizan por las "ideas nocivas" que se van a impartirse en el aula conviene preguntarse qué ideas, y qué grado de toxicidad en ellas, tenía en la cabeza este joven salmantino. ¿Quién le inculcó esos temores? ¿Cuándo podemos objetar?






(Aquí me las den todas, 02-09-07)

1 comentario:

eulalia dijo...

Si su acción ha impedido que viole a alguna mujer o a algún niño, este hombre se ha ganado el cielo.
Saludos.