domingo, 4 de noviembre de 2007

Miserables (industria)


Fuimos ingenuos si pensamos que la sentencia del 11-M iba a poner punto y final a las teorías de la conspiración. A pesar de que la lectura del juez Bermúdez comenzara con la refutación punto por punto de los clavos ardiendo a los que se fueron aferrando los conspiranoicos, desde la fragoneta a la mochila pasando porque todo el explosivo salió de mina Conchita.
Da igual, debe de ser confortable la burra porque ninguno de los jinetes quiere poner el pie en tierra, aunque el pollino se arrastre sin herraduras y le veamos las costillas de la poca consistencia que le queda.
Habrá que ponerse un poco marxista, en el mejor sentido de la palabra, para poder explicar esa tozudez, porque no se nos alcanza que tal cerrazón se mantenga sin enmienda a menos que dé muchos dividendos. Y parece que sí.
Al fin y al cabo hay todo un cúmulo de medios de comunicación y expertos de lo paranormal que llevan tres años y pico haciéndose de oro a base de libros de enigmas y claves, o documentales con (a estas alturas de la galaxia Gutemberg) imágenes subliminales del anagrama de ETA.
A los de la multinacional Gap les acaban de pillar con niños esclavos en sus talleres de la India. Seguramente lo sabían y les daba igual pero se han hecho los horrorizados porque había cámaras delante. La industria española de lo facha no es así, va a seguir exprimiendo esa fruta tan sabrosa de los malos instintos de la gente. A cuenta de casi 200 muertos; qué rica está la sangre, qué fashion que es hoy ser un vampiro.
(Aquí me las den todas, 04-11-07)

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