
Yo que estudié del bachiller a la Universidad (incluída) en centros religiosos (católicos, vaya) tuve que aguantarme los veranos con pantalones largos. Aunque las chicas podían lucir (yuhu!!) sus piernas en shorts o minifaldas, a los chicos se nos prohibía expresamente vestir bermudas. En el bachillerato le pregunté a la profe de mates el por qué de esa discriminación y me respondió que me dejaría lucir cachas si me depilaba. Hoy lo hubiera hecho y casi me atrevo a decir que enseñaría medio muslo, pero entonces era un adolescente demasiado acojonado por la presión social.
¿Pueden ir las chicas musulmanas a la escuela con velo? ¿pueden ir las profesoras? Sí a la primera pregunta con matices, rotundo no a la segunda. Estoy totalmente en contra de los centros concertados, mi opinión es que todos los fondos públicos deben dedicarse exclusivamente a la escuela pública. No aceptaría una profe con velo, de cualquier
tipo, en una escuela pública (tampoco a una profe monja con su hábito, tampoco a un profe budista con túnica naranja). Mucho menos estaría de acuerdo en que se concertase un colegio musulmán en el que se pudiera hacer. Me horrorizan las ayudas a centros del Opus donde estudian separados niños y niñas. Quizá convenga decirlo a esta altura, no sólo soy ateo, la mayor parte del tiempo soy profundamente antirreligioso.
Pero no 24 horas al día. Hay muchos tipos de velos, desde un pañuelo que cubre el pelo y la nuca al burka afgano que difícilmente se verá en la ESO. Claro que creo que cada cual debe ir como quiera, con una precisión importante. Yo, como
Zizek, pienso que sólo es libre la mujer musulmana que no va con velo, la que sigue la tradición no lo es.
¿Debe primar el derecho a la educación sobre cualquier circunstancia? Bueno claro, mejor aprender matemáticas (y gimnasia o música o Educación para la Ciudadanía) con velo, que no saber nada de nada y perpetuar roles machistas que repugnan en el mundo islámico tanto como en el europeo, ¿o no se acuerda? Aquí gracias a
La huella digital , el contrato de una maestra en España en 1923. No dice nada de velos pero piden dos enaguas.
Yo prefiero esperar a que la niña me diga que no quiere llevar el velo. Quiero que se ponga a prueba la capacidad del Estado para resistir el sacrosanto y tantas veces esgrimido (sobre todo por los católicos) derecho de los padres a educar a sus hijos según su criterio. Bonitas palabras que esconden, a veces,
la semilla de la tiranía. En el primer caso que se dió en España de nena con velo en clase, el padre demostró su paranoia. Sí, aquel día defendía el pañuelo inofensivo de la chica, pero advertía que le daban asco las playas españolas con todos esos bikinis de satán y que esperaba que la suya nunca tocara la arena ni el Nivea.
Vamos, que a mí el velo me da igual o me da poco. Yo me tapé las piernas, ahora bien. Desde aquí me conjuro con todos los que se me unan a luchar hasta la muerte por el derecho de esa chica a hacer un día top less si le place, a partirle la cara al padre si ella quisiera ponerse tanga. Y lo que me da miedo es que en una hora verdadera como esa
quienes menos te lo esperas (o quizá
no) puedan fallarte.