lunes, 2 de junio de 2008

A romperse la camisa

Aborrezco el racismo, por eso odio que me llamen payo. Protesté contra la propuesta de "contrato de integración" para los inmigrantes porque me parece que se basta y se sobra la ley para hacer exigencias de comportamiento social. Las costumbres de cada uno son cosa suya siempre y cuando no vayan contra la ley, y si no nos gusta, la ley se cambia en el parlamento. Me da lo mismo que el PSOE le riera la gracia a Sarkozy antes de que le reventara la exclusiva Rajoy. Es un propuesta infame tanto antes como después de las elecciones y así lo mantendré si sale ZP a defenderla --con matices y talante-- en el Congreso.



Porque las cosas no son buenas o malas en función de quién las diga, y aquí quiero meterle el dedo en el ojo a Arcadi Espada. En noviembre del año pasado atribuyó a la socialdemocracia italiana el racismo antigitano que bullía en Roma contra los rumanos. "El empaquetamiento y expulsión de los rumanos de Italia (¡por el sólo hecho de ser rumanos!) lo ha propuesto la izquierda, y es imperioso anotarlo para señalar hasta dónde llegaron las aguas", decía Arcadi, qué malos que son los rojos con su soberbia moral. El caso es que tenía razón.

Pero está a punto de perderla, porque hace muchas semanas que espero una respuesta semejante a las barbaridades que ahora promueve el nada izquierdoso Berlusconi, y no llegan. ¡Anda Arcadi!, ¿qué te cuesta? Si El Cavaliere ni siquiera debería merecer los favores de un liberal que se vista por los pies, ¿o no hay tal todavía en España?

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