jueves, 24 de julio de 2008

Los fantasmas de Anne Perry

Los amantes de la novela de intrigas la conocen por Anne Perry, los amantes de las intrigas seguramente ya sabrán que Perry es el seudónimo que oculta el nombre de Juliet Hulme. La escritora de éxito, de mucho éxito antes de que se conociera su verdadera identidad, se pasó este mes por Gijón, para participar en la Semana Negra y ha sido inevitable que, en las entrevistas que concedía, los periodistas trataran de indagar en su pasado.


Vamos por partes, la historia del crimen adolescente de Perry saltó al conocimiento general gracias a la magnífica película de Peter Jackson Criaturas Celestiales. El filme no trata se ser un relato fiel de los hechos, sino que es un acercamiento, muy bien logrado, al mundo de fantasía desbocado que llevó a las dos muchachas a matar a la madre de una de ellas cuando iban a separarlas. Perry no vió la película y le carga que le pregunten por ella. Fue, además, por su estreno cuando alguien decidió rebuscar y sacar a la luz la verdadera historia de esta persona que había logrado huir de su pasado. Aquí hay un conflicto de ética periodistica. Es indudable que la historia de Hulme detrás de Perry tiene interés; quizá menos que morbo, pero lo tiene. ¿Hasta qué punto debe orientarse en este sentido una entrevista a la autora?

En La Voz de Asturias le hicimos esta entrevista, bastante moderada. En El País, le dedicaron dos informaciones, la primera blanca, y la de hoy un poco más dirigida. A cara de perro, o casi, fue la entrevista de El Periódico publicada en mayo.

Se comprende la congoja de Perry cuando se le acerca un periodista, "eso ocurrió hace 50 años" repite una y otra vez. Seguramente Perry y Hulme no son la misma persona, o Perry quiere pensar que no lo es y está en su derecho. Cuando se condena a alguien y cumple su condena, suponemos que ya ha pagado y punto. Pero el chismorreo siempre nos sentencia a cadena perpetua. No sé cómo le habría planteado las preguntas si la entrevsita la hubiera hecho yo. No estoy para tirar ninguna piedra, ni la primera ni la última. Seguramente el caso de Perry debería abrirnos la posibilidad de hablar de la redención, de cómo se reconstruye una vida y del riesgo que supone salir del anonimato para quien guarda un crimen en su pasado.

No me despido sin cometer yo mi propio pecado periodístico. Hulme no volvió a ver jamás a su amiga y cómplice, Pauline Parker. ¿Qué fue de ella?, ¿qué se dirían si se reencontraran? ¿No están esperando todos los editores que Parker escriba una novela?

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