domingo, 27 de julio de 2008

El disfraz evidente


Lo más curioso de la detención de Radovan Karadzic es que para ocultarse no optara por el escondite sino por el camuflaje. Sería por el hábito de la guerra, típico de un asesino, pero Karadzic acertó en darse cuenta de que, en ocasiones, la mejor manera de no ser visto es mostrarse a plena luz, incluso llamando la atención.
Le bastaron una melena y unas barbas de patriarca loco para que dejara de verse al criminal loco que se esforzó en contar sus exterminios por decenas de miles de personas. El Karadzic barbudo destacó en su empresa como uno de los mejores vendedores de la franquicia que le tenía contratado y era un vecino enrollado, ideal para su máscara. Ya es casi una ley universal que cuando alguien comete un grave delito, el vecindario se sorprenda diciendo que era una persona normal, como si a los asesinos no les bastara con lo suyo y tuvieran que sacar la basura a deshora, dar portazos por la noche y tirar colillas al patio común.
Pero el disfraz evidente de Karadzic es más genial aún por el oficio que tomó como descanso del guerrero. El charlatán de la pureza étnica se ganaba el pan con engañifas de meditación y curaciones por la "energía vital". Karadzic ofrecía yoga y "hierbas chinas" para curar enfermedades con la misma convicción con la que para resolver un problema político optó por lo que son equivalentes en política a los mejunjes y potingues: la raza, la nación y otras milongas abstractas. El disfraz de Karadzic fue convincente porque se limitó a cambiar un embuste por otro. Es la invencible fuerza de la pereza.


(Aquí me las den todas, 27-07-08)

1 comentario:

zina montenegro dijo...

¿Realmente es importante desnudar de su disfraz a un miserable loco que toca el laud en un bar de nostalgicos, tantos años despues?. ¿A quien satisfara su sed de justicia, tantos años despues, este suceso?. El disfraz de los humanos suele ser ridiculo, el de los estados y las estructuras que perviven por encima de ellos, inquietante