domingo, 7 de septiembre de 2008

Democratas extraños


La noticia de la petición del juez Garzón para conocer los nombres de los desaparecidos por la represión franquista desató argumentos cansinos de "reabrir viejas heridas" y gestos de ofensa inexplicables. Tantos que se podría dar la vuelta a los refranes para decir que, en este caso, quien habla otorga.
De entre las bravatas que se lanzaron contra el magistrado, destacó por aquí la de Gustavo Bueno --que hace un tiempo que dejó la filosofía para dedicarse al noble oficio del performance -- cuando dijo que lo que se trataba era de "identificar al PP con el franquismo".
Bueno, aquí Bueno es buen vasallo que trata de hacer bueno a su señor; y, por tratarse de un happening paradójico, se podría decir que yerra y acierta a la vez. Se equivoca cuando asume que hay un interés oculto en hacer ver la gaviota popular como heredera de nuevo diseño de las imperiales águilas fascistas. Acierta cuando pone sobre el tapete que, para oponerse a que los familiares de todos estos desaparecidos puedan honrar a su muertos como mejor les parezca, hay que tenerle un verdadero apego a la dictadura. Lo que entonces se llamaba ser adicto al régimen.
Decenas de miles de españoles buscan a padres, abuelos, y bisabuelos ya, entre cunetas y fosas comunes. Este jueves, Alemania anunció que juzgará el año próximo a un exmiembro de las SS. El acusado, Heinrich Boere tiene ahora 86 años; en Alemania resultaría realmente extraño que alguien dijera que este juicio quiere abrir viejas heridas. Que cosas así extrañen en España es lo que nos hace pensar que hay demócratas extraños.



(Aquí me las den todas, 07-09-08)

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