jueves, 4 de septiembre de 2008

La carretera

Cosas que hice en el verano: Ver un screener de Batman, muy bueno. Me encantó la película. Entré en una sala de cine por primera vez en un año para ver Indiana Jones, me encantaron las persecuciones, pero no acabo de entender qué pintaban los esbirros con máscaras de calavera en el cementerio ni al personaje de amigo-traidor del Dr. Jones, que no se sostiene. Alguien me lo explique.




También leí algo bueno y aquí lo recomiendo. La Carretera de Cormac MacCarthy, un libro que se lee de un tirón, o tirón y medio si empiezas por la tarde (son apenas 200 páginas), que narra el viaje desesperado de un padre y un hijo hacia el sur en un mundo arrasado por una catástrofe nuclear. Nada se sabe de las causas de la hecatombe, y un paisaje árido y helado por el invierno nuclear nunca se sabe si quien te encuentras en el camino no será un canibal dispuesto a todo para devorarte.



El libro --que pronto tendrá una versión para la gran pantalla protagonizado por Viggo Mortersen-- es un relato magistral, austero; que aúna el terror más inmisericorde con la ternura más sobrecogedora cuando narra la relación entre el padre y el hijo.



(¿Te lo vas a leer? Pues no leas esto:) Sorprende el final feliz, si se puede decir de alguna manera, donde el padre fallece pero el niño encuentra un nuevo hogar, también un nuevo comienzo para la humanidad. Mis prejuicios me dicen que el happy end es una tentación irresistible de la cultura norteamericana. Otro tipo de prejucios me llevan a pensar que por muy mal que vaya todo, aunque se derrumbe el universo, siempre hay personas que defienden la bondad y la civilización contra todo. Los prejuicios son prejuicios, no hagais caso a los míos y juzgad por vosotros mismos.


(Sigue aquí)
En todo caso, le he echado un vistazo a las primeras imágenes que circulan por la red de la película. Me ha sorprendido ver una escena en la que un camión cargado de guerreros avanza por la carretera. Parte de la gracia del libro es que en este mundo postapocalipsis no queda gasolina. Me pregunto si los productores de cine norteamericano son capaces de imaginar un mundo arrasado en que no queda vida animal o vegetal, en el que los hombres se comen a sus hijos, pero en el que pensar que no se puede conducir sería decididamente demasiado terrible.

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