domingo, 21 de septiembre de 2008

Por lo menos un beso


Mírese las suelas de los zapatos. Si no se los acaba de comprar dirán muchas cosas de usted. Estarán más gastadas por el talón o por la punta, según su forma de caminar. Quizá tengan manchas de barro, o chicle pegado, o la indescriptible suciedad del asfalto urbano.
Hay otro tipo de personas que, aunque calcen unos zapatos desde hace varios años, podrían mostrarnos una suela casi reluciente. Son personas que apenas pisan la calle como no sea para avanzar unos metros hacia el lugar donde se van a servir los canapés. Que desde hace mucho tiempo sólo han pisado la alfombrilla del coche, o la mullida moqueta del pasillo y el despacho. Que el suelo más duro que han tocado en estos años ha sido el parqué que dicen que hay en toda Bolsa. Piénselo bien cuando se restriegue en el felpudo de vuelta a casa después de un duro día de trabajo, porque una parte no pequeña de ese esfuerzo va a servir ahora para que los suelas limpias no tengan que manchárselas por nada. Décadas de retórica neoliberal, de amagar con el despido libre, de demonizar cualquier medida social o laboral como instrumento del Leviatán intervencionista... cuando han venido mal dadas la CEOE ha pedido "un paréntesis" en la economía de mercado. Son los impuestos (y esos no los pagan ni los muy pobres ni los muy ricos) los que ahora tienen que salvar las delicadas nalgas de quienes construyeron su riqueza sobre las sutiles artes de la especulación. Las nuestras son mucho más sufridas y, ya que están ahí dándole paréntesis, por lo menos que nos den un beso.



(Aquí me las den todas, 21-09-08)

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