jueves, 5 de febrero de 2009

Cautivo y desarmado


Así se siente uno en días como hoy, en los que te levantas por la mañana para desayunarte con la plana mayor del Estado rindiendo pleitesía al enviado Vaticano, Tarcisio Bertone. ¿Para qué? ¿Acaso aflojará la Iglesia católica su presión sobre los avances en derechos civiles? ¿olvidarán ya su manía de tratar de imponer como ley para todos las creencias de una determinada fe? Me temo que no, es lo que dicta la experiencia y todos los síntomas de sus campañas. Es un esfuerzo vano que nos humilla.


Peor que topar con la Iglesia, en todo caso, es topar con la Banca. Para que quede claro quién manda aquí, estos subvencionados con corbata no tendrán que dar explicaciones en el Congreso. No soy tan zote para tragarme el discurso perroflauta de que todo lo que pasa es culpa de Botín. Es verdad que los créditos se dieron con mucha alegría, tan cierto como que no era obligatorio apuntarse y que todo el mundo se endeudó en una borrachera en la que todos iban piripis. Es verdad, pero yo quiero saber qué se hace con mi dinero, tienen que explicarlo en el parlamento. Los impuestos salen de los bolsillos de los curritos, no de los ejecutivos que bien saben evadir sus multimillonarios salarios. A este paso, a punto de sumar 4 millones de parados (enseguida voy yo) es el momento de pedir al PSOE algo tan sencillo y tan elemental como que aplique medidas socialistas a la economía. Basta de avales a las entidades financieras, no se puede dejar dinero público en manos de los mismo gestores que han convertido el mercano en un casino. Si no lo quieren llamar nacionalización búsquenle un nombre guay que vivimos en la era de los eufemismos. Pero debe ser el Estado el que se haga cargo de esos fondos, y cuando se recupere el panorama que los potentados nos lo paguen a precio de oro si quieren volver a recuperarlo.


Yo no sé mucho de economía, parace evidente que los economistas tampoco. Esto es una batalla ideológica en la que, ante la palpable derrota del neoliberalismo, nos la estamos cogiendo con papel de fumar. Pues hay que empuñársela con toda la mano; y el papel para demostrar que sabemos hacer la O con un canuto.


No sé si el Gobierno tienen una paciencia que se acaba o es ilimitada. La de los votantes, se lo aseguro, está muy cerca de su tope.

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