domingo, 22 de febrero de 2009

Peor que la salmonela


En EEUU, donde se inició la crisis, también nos llevan mucha delantera en los debates sobre cómo deben concederse fondos públicos a las empresas privadas. El caso más interesante es el de la industria del automóvil. Esta semana han empezado a oírse cada vez más voces que se preguntan por qué debe entregarse dinero de contribuyentes norteamericanos a empresas que se han llevado la producción fuera del país. Quizá sea la primera vez que los adalides de la deslocalización se lleven su merecido.
¿Les parece proteccionismo? A mí no. De hecho, ponernos tiquismiquis a la hora de distribuir ayuda pública a esa casta de caraduras que aún dirige la economía financiera es lo que marcará la diferencia entre ser tontos (lo que ahora somos) y ser tontos integrales. Aquí hemos entregado avales del Estado a un sector bancario que presume de beneficios y hace corralitos en fondos inmobiliarios. A cambio hemos recibido un ERE cada semana y propuestas de la patronal --los mismos que pidieron "un paréntesis en la economía de mercado"-- para que el despido sea libre y, a ser posible, subvencionado.
No, no hay ningún proteccionismo en exigir cuentas muy estrictas a quienes cierran fábricas aquí para llevárselas a países donde los derechos laborales aún son una utopía. Más aún, tampoco sería proteccionismo limitar drásticamente que empresas que producen donde no hay respeto a los Derechos Humanos puedan vender aquí sus productos. ¿No exigimos controles sanitarios? La salmonela es una cosa mala, pero mucho peor es el trabajo infantil.



(Aquí me las den todas, 22-02-09)

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