domingo, 8 de marzo de 2009

Decir negrata



Cuando los directivos de Opel amenazan nada veladamente a la canciller Merkel con llevarse la producción y dejar al 20% de su plantilla europea en la calle si no recibe ayudas estatales haremos bien en decir que es un chantaje.
Se pierde menos tiempo llamando a las cosas por su nombre y si el tiempo siempre es oro, en tiempo de crisis es más que platino. Para que las empresas reciban dinero público deben ofrecer unas garantías sociales, llámenlo intervencionismo o lo que quieran. Lo suyo es una desbandada.
En EEUU comienzan a debatir la nacionalización de la banca pero --acorde con su tradición, en todos los sentidos-- se trata de un término tabú que se presume va a resonar muy mal en los oídos de su opinión pública. Hasta han llegado a referirse a esta opción como "la palabra n", cuenta la prensa española. Lo que no cuenta la crónica es que the n word ofrece un juego de palabras con lo que ha significado hasta ahora: nigger . Negrata no es ni de lejos una traducción suficientemente contundente sobre la denotación de desprecio que tiene esa palabra en EEUU; que los blancos jamás deben utilizar pero que algunos negros sí pueden repetir con orgullo.
Aquí se ponen farrucos quienes, en nombre de "manos invisibles" del mercado, han provocado esta crisis. Y porque, para que les demos una mano de verdad y visible, les exigimos a su vez que no nos suelten a nosotros la otra. Son bizantinas las discusiones vanas. No sé cómo querrán llamar a eso que hay que hacer, pero deberíamos hacerlo ya.


(Aquí me las den todas, 08-03-09)