miércoles, 18 de marzo de 2009

No entienden


A estas alturas ya queda poco por decir sobre la demagogia en la que se apoya la nueva campaña de la Iglesia Católica española contra la reforma de la ley de aborto. Empecemos por recordar que nadie aborta por gusto --es un proceso ginecológico muy penoso, al que no te apuntas, sino que lo padeces--y que tampoco nadie es partidario de matar niños. Querríamos que el uso de anticonceptivos fuese tan generalizado que difícilmente se llegara a este punto. Pero eso tampoco les vale, aún a riesgo de morirse en el intento. Son ellos, en realidad, quienes promueven una "cultura de la muerte" . Otra cosa es que queramos que las mujeres que aborten vayan a la cárcel, y no, mire, no queremos.


Parece que los obispos tienen un claro problema a la hora de apreciar lo que merece más o menos castigo. Así, mientras que un sacerdote que confiesa que le gusta acostarse con hombres hechos y derechos es apartado y expulsado modo súbito, a quienes parecen preferir la carne tierna de niños y niñas se les suele ofrecer una compasión insólita, y a veces basta con cambiarlos de parroquia. Ya ni me molesto en recordarles que la ley de este mundo es la que nos vale, que una cosa es una preferencia personal y otra un crimen horrendo, que vá, recuerden aquello de que "más vale tirarse al mar con una piedra al cuello".


Así fue que esta campaña se topa el mismo día con noticias semejantes; que el lumbreras que ideó el lema no pensó que "lince" da para muchos juegos de palabras, para parodias sin fin. Ya hay quien se pregunta de dónde ha salido el dinero para pagar este despliegue. Yo no, era muy consciente de a qué se dedicaría el dinero de la gente que les marca su cruz y su casilla en la declaración de la renta, esto es lo que deben entender por "obras sociales". No lo comparto.


Pero vamos a entrar en su terreno, para apreciar mejor si realmente los prelados entienden de que hablan cuando dicen "vida", cuando apelan a "la naturaleza". Son ellos los primeros que han metido animales en esto. También los osos son especie protegida, Paca y Tola, dos esbardos huérfanos han sido críados en cautividad en Asturias en los últimos años. Al cumplir la edad adecuada a las osas les trajeron un macho, Furaco, para cumplir con el ciclo lógico de que cada osito debe tener un papá oso y una mamá osa. Pero Paca y Tola pasaron de su semental, se bastan ellas solas para su deleite, en su coto son sáficas e incestuosas. ¿Tienen los osos libre albedrío, pueden ser viciosos más que osos?
No lo entienden, no lo ven. Tan ciegos están que este icono de la red, que yo creía atrezzo malintencionado pero gracioso, resulta que es real, que está en uno de sus templos. Es lo que pasa con lo cotidiano, que se diluye, que ya no es llamativo. Eso es lo peor.

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