viernes, 17 de abril de 2009

Propaganda fide

De la propagación de la fe viene nuestro término propaganda, una palabra con connotaciones negativas generalmente porque se asocia a engaño, a manipulación. Propaganda en un mensaje persuasivo, que pretende ganarse una opinión de tipo político (el tipo comercial se corresponde en rigor a publicidad, pero en el lenguaje coloquial se intercambian a menudo; y a menudo con razón sin darse cuenta). Esta chapa viene al caso de un ejemplo de propaganda que cunde esta semana en mi ciudad, e imagino que en otras tantas. Su contenido político me resulta deleznable, su técnica me merece muchos elogios. Es esta:




Se corresponde a un partido de ultraderecha, que por buen gusto no pienso enlazar aquí, pero la idea de estos carteles, tengo que reconocerlo, es genial. No se pegan en cualquier pared, o esquina. Cada cartel se sitúa estratégicamente en escaparates de comercios que están cerrados. La campaña tiene truco, por supuesto. Muchas de las oficinas y tiendas sobre los que se ha estampado este cartel ya habían echado el cerrojo hace años (al menos en mi ciudad). Pese a todo el efecto es certero. En Oviedo muchas oficinas de agencias inmobiliarias habían ocupado algunos de los locales mejor ubicados del centro. Ahora han cerrado algunas, otras se han trasladado buscando alquileres más baratos. Todas han cedido un escaparate de lujo a un grupo ultraderechista. Insisto en que el mensaje en falaz, pero peligroso porque es contundente. Me descubro ante el que ideó esta estrategia. Con la otra mano le daría un buen bofetón.

Llevamos años quejándonos de la crispación, del amarillismo de los medios de la derecha; pero la provocación, el gusto por tentar al establishment, molestar a los oídos bienpensantes... eso siempre tradición de la izquierda, de la bohemia. Esta crisis, habrá que repetirlo hasta cansar, es responsabilidad de un modelo neoliberal del capitalismo que ha despreciado las políticas sociales y la intervención en la economía, que hoy todos los pudientes mendigan. Pero ante la derrota de ese esquema conservador, los moderados están petrificados y los radicales (en el mejor sentido de la palabra) se contentan con hacer el saltimbanqui. En cada negocio cerrado debería aparecer la cara del banquero que ha cesado o puesto trabas el crédito del comerciante, bajo cada cartel de se vende o se alquila expuesto en vano, la de quienes decían que si los precios subían es porque había demanda.

¡Espabilad, coño!

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