lunes, 1 de junio de 2009

Confucio y el aborto


Ya veis, Confucio fue uno de los chinos japoneses más antiguos e inventó la confusión. No es una equivocación que se pueda achacar únicamente a las misses, ni siquiera a las de Panamá, lo cierto es que la confusión --al menos en el plano moral-- está muy extendida en el pensamiento conservador.

No otra cosa puede significar el rechazo a los contenidos del proyecto de reforma de la ley del aborto, en particular en lo que se refiere a que las chicas de 16 años puedan interrumpir su embarazo sin permiso ni conocimiento de sus padres; y que vistas las encuestas, parece que es lo que más rechazo provoca entre la población.

Pero están confundidos. Suele pasar que las leyes que amplían derechos entre el común de la sociedad son vistas entre la carcundia como imposiciones. Así ocurrió con la ley del divorcio, que parecía que iba a romper todos los matrimonios, también con el matrimonio homosexual que por lo visto nos iba a volver a todos gays; y ahora con el aborto.

Desde luego, yo me opongo al aborto, no conozco a nadie que lo celebre. A lo que también me opongo es que a quien se haya visto forzado a asumir esa decisión tenga que ir a la cárcel; me opongo a que una falta de legislación empuje a los más pobres a caer en manos de matasanos sin condiciones higiénicas mientras la gente de buena familia acude en vuelo charter a clínicas de lujo para deshacerse de la deshonra. Y sí, me opongo a que la voluntad paterna pueda prevalecer sobre la de una menor embarazada que ha decido abortar. Desde luego que lo deseable es que nadie tenga que abortar nunca; también sería deseable que quien tenga que hacerlo tan joven pudiera hacerlo acompañada y aconsejada por sus padres; pero es que esta ley se ha hecho para las situaciones no deseables.

¿Y si la menor se ha quedado embarazada tras haber sido violada por su padre o tutor? Es terrible, indeseable; pero estas cosas pasan y la ley tiene que preverlo. Dicen los provida (curioso apelativo para defender en ocasiones el asesinato) que quienes defendemos esta ley somos hipócritas que no queremos admitir que apoyamos matar niños. Desde luego se llegaría a estos extremos mucho menos si no se pusieran tantas trabas a una correcta educación sexual, y la libre dispensación de anticonceptivos entre los adolescentes. No, ellos son los hipócritas, dispuestos a no asumir la realidad de la vida, que muchas veces es terrible e indeseada, con tal de defender el dogma. ¡Cuánto confucio!

1 comentario:

Small Blue Thing dijo...

Y lo peor es que el mensaje carcatólico está calando de manera alarmante entre las mujeres musulmanas. Se podrían cambiar y dejarnos tranquilas al resto, coño.