domingo, 14 de junio de 2009

Galáctica: Deus ex machina


Aún a costa de caer en el síndrome OPBHDLM (Otro puto blog hablando de lo mismo) voy a hacer mi crítica de Battlestar Galáctica; serie muy notable y que nos ha parecido de lo más entretenido y mejor que se ha visto en la ciencia ficción de la mainstream. Entre sus virtudes destaca por encima de todo la complejidad de la trama que lleva a los buenos (los humanos) a enfrentarse entre ellos a lo largo de la serie a pesar de que los malos (los cylon) les pisan los talones en su búsqueda de la Tierra. Golpes de Estado, robo de elecciones, juicios sumarísimos con el lanzamiento al frío espacio exterior como condena... son algunos de los pecados de los protagonistas en un devenir de acontecimientos en los que todo el mundo pasa de aliado a enemigo en alguna ocasión. Está bien justificado; y quien mejor lo explica es el personaje de Lee Adama quien, en el alegato final del juicio a Gaius Baltar explica que los humanos ya no son una civilización sino "una banda" que huye y necesita romper o amoldar las reglas a su medida para sobrevivir.


Galáctica tiene buenos guiones --notables algunos, otros más flojos, como si se necesitara cubrir el cupo de capítulos por temporada--, buenos actores y una cuidada ambientación. Mi mayor temor cuando empecé a ver la serie era que las batallas espaciales fueran cutres, no lo son y, de hecho, algunas escenas --sobre todo el rescate de Nueva Cáprica-- me parecieron sobresalientes. Aunque el final me satisfizo no llegó a llenarme del todo. Primero, porque guardando tan al final quiénes son los últimos 5 cylon y sus orígenes no se acaba de completar del todo todas las lagunas, parece un poco acelerado a falta de 10 capítulos; y segundo, no es buena idea meter a dios en los asuntos de los hombres; aunque los hombres sean en realidad cylon.


En principio la tensión entre una cultura politeísta (la humana) y otra monoteísta (la cylon) me pareció muy atrayente; la manera en la que evoluciona ese choque de civilizaciones no me convenció tanto; y que todo repose en el último momento en la providencia (es la palabra que mejor lo define) tampoco; me pareció un poco tramposo. Para tranquilizar a los ateos vehementes como yo diremos que Bill Adama (en el lado humano) y Calvin (entre los cylon) son dos descreídos recalcitrantes; por eso duele un poco verles caer al final en tan mesiánica resolución.


Los humanos con sus virtudes y defectos y los cylon que han descubierto el amor llegan juntos a la Tierra (la nuestra) en pleno paleolítico dispuestos a empezar de cero, un final que, de algún modo reconcilia la teoría de la evolución y el creacionismo; supongo que algo al gusto del público estadounidense.


Siguiendo ese final diremos que muchos siglos después, un descendiente de los Adama tendrá que hacer frente de nuevo al error de los hombres de hacer seres a su imagen y semejanza; pero ya no serán cylon sino replicantes; y el descendiente de Adama (clavadito a su tatarabuelo primordial) sera un Blade Runner aficionado a la papiroflexia que no tendrá compasión con los protagonistas. Los paralelismos entre el clásico de Ridley Scott y Galáctica no son pocos y se dan muchos guiños. Además de ver al gran Edward James Olmos enfrentado de nuevo a las máquinas de aspecto humano hay cosas que se repiten. En ambas producciones se llama despectivamente pellejudos (skinjobs) a las máquinas antropomorfas; en ambas habrá que utilizar un test no muy fiable para distinguirlas de los humanos (¿no es otra similitud que los replicantes sean Nexus 6 y la más buenorra de las cylon Cáprica 6?); y hasta hay un reverso homenaje al famoso monólogo de Rutger Hauer en el lamento de Calvin por sus limitaciones corporales. El más pérfido de los cylon también ha visto cosas que los demás sólo podríamos imaginar, como el estallido de una supernova, pero él no se lamenta de que tal prodigio se pierda en la memoria como "lágrimas en la lluvia" sino del límitado espectro de colores que le permite apreciar una córnea humana, el quisiéra verlo como sólo una máquina podría.


Hombres contra robots, esclavos que se tornan en asesinos de sus amos creadores. Es un motivo que se repite en la ciencia ficción en muchas ocasiones; cada vez más con el fantasma de la imitación indistinguible de las máquinas de apariencia humana; y también, para qué negarlo, con el recurso de la providencia.


Clásico sobre los clásicos es 2001, una odisea en el espacio que plantea una primera rebelión de la máquina frente al hacedor, lejos aún de poder soñar en imitar su aspecto pero que plantea las mismas cuestiones sobre la divinidad. Los hombres de 2001 han alcanzado la inteligencia gracias a un monolito que los hizo saltar de ser animales; y están a punto de sucumbir víctimas de la creación de la inteligencia artificial justo cuando acaban de revelar al universo que son capaces de abandonar la órbita planetaria, al descubrir otro monolito escondido en la luna.


En Matrix se dio una vuelta de tuerca más a la hipotética opresión de las máquinas que toman el poder con el control de la mente humana en un mundo virtual. Matrix (pero sólo la primera película) es ya un clásico de profundas reflexiones filosóficas que todavía no hemos terminado de exprimir del todo y, en rigor, lo más parecido a la religión que aparece es el budismo, pues Neo es un buda (un iluminado) que consigue escapar de la rueda del mundo de las apariencias después de vencer al sufrimiento.


En este leit motiv me sigue pareciendo la propuesta más original la de Dune (pero sólo el primer libro) porque parte de que la guerra entre hombres y máquinas se libró hace un tiempo inmemorial y, de hecho, la civilización humana se apoya en un tabú, un mandato moral imposible de romper que dicta: "No crearás máquinas a imagen y semejanza de la mente humana". Por eso los hombres han tenido que recurrir a drogas y mutaciones para conseguir realizar los complejos cálculos matemáticos que sólo una computadora podría realizar y así dar saltos en el espacio. Dune sí tiene un punto religioso, más bien mesiánico, de clara inspiración islámica en la que Paul Atreides se revelará como el profeta Muab'dib (un homenaje a Boabdil, de Granada), que dominará el universo en una guerra santa (la guerra contra las máquinas ya fue una Yihad Butleriana) librada por sus fedaykin (que valen por los feyaidin de hoy).


Nombro a Terminator para que no penseis que se me ha olvidado, pero nada más. En todo caso, para saber de hombres y robots, seguramente lo más recomendable (y lo más laico) siempre será recurrir a Isaac Asimov (que fue quien inventó la palabra robot) y toda la saga con precuelas incluídas de Fundación. Robots en este caso benignos, también en de apariencia humana indistinguible y que velan por el bienestar de la raza humana durante milenios.


Claro que hay muchas más historias, pero ya no se me ocurren o no las conozco y tampoco tengo tan buena pluma. Al contrario de Borges, yo no podré decir en esta ocasión que me siento orgulloso ni de lo que he escrito ni de lo que he leído. De momento.

4 comentarios:

Small Blue Thing dijo...

Coñe, no había caído en lo de Cáprica que-es-una-6.

Lordo dijo...

Me iba a volver loco si no llegas a comentar. Mil gracias por recomendármela.

El que dice ¡Ni! dijo...

Muy buena la reflexión comparativa entre Galáctica y Blade Runner. En general, creo que BSG supera con creces sus propias limitaciones y consigue que los fallos queden como necesidades del guión televisivo. Una vez asumidas, se disfruta del guión y todas su ramificaciones hasta el final.

Me he emocionado al ver que tú también te fijaste en ese momento especial que fue el discurso de Cavil sobre las limitaciones de su propio cuerpo humano. En ese momento pareció que el personaje dejaba de serlo y cobraba vida. A mí me dejó asombrado. Eso es maestría en el desarrollo de un personaje. Y creo que ese es el punto, la coherencia en los personajes, lo que hace que BSG sea una serie tan especial. Cada historia personal es memorable. Basta con recordar los destinos de Baltar, Gaeta o Tigh, o la trayectoria de Lee a lo largo de la serie.

En mi opinión el mejor arco argumental de toda la saga, y donde se ve claramente toda la fuerza que reside en los personajes, fue el de la "Pegasus". La introducción del personaje de Cain y el choque de voluntades que se produce entre ambas tripulaciones fue el mejor ejemplo de que un buen conflicto crea buenas historias.

Lordo dijo...

Totalmente de acuerdo, y me gustó que se atrevieran a explorar de vez de cuando las derivas sociológicas de los supervivientes, sobre todo el capítulo en el que se plantea una huelga porque los oficios están cayendo en el feudalismo. Excelente