miércoles, 9 de septiembre de 2009

La realidad en un puño

Causa furor el montaje de El Mundo con los puños en alto en Rodiezmo, una manipulación sutil porque --como gustan insistir los que dicen que no es para tanto-- se trata de unir dos imágenes casi simultáneas, que transcurren en el mismo lugar y el mismo momento y no se sube brazos que estuvieran bajados, pero a la hora de descartar a uno de los dos Zapateros con los que hay que bregar, se quedan con el que saca pecho y alza la barbilla.





Pero en Reuters se han quejado, y yo creo que con razón. Da la casualidad de que yo conozco al autor de las fotografías, un tipo estupendo y estupendo profesional (algo que no necesariamente se da al mismo tiempo y no hay photoshop que lo arregle) y comprendo su cabreo. Sí, hay manipulación porque no se advierte a los lectores que se trata de un montaje, y aún más, hay un propósito evidente en la composición: se trata de mostrar al presidente rodeado de (a los ojos del lector medio del diario) energúmenos y energúmenas izquierdosos trasnochados, esos que amenazan con subir impuestos mientras reabren heridas de la Guerra Civil, ¿es así o no? Se trata de un montaje porque es una reconstrucción de la realidad para que ofrezca --sin falta de mil palabras-- la conclusión apropiada de un vistazo.

Es un tema que me gusta y que ya he tocado otras veces en el blog, y en casos igual de sutiles: uno con Franco y otro con la toma de Berlín por el Ejército Rojo en 1945. Tengo para todos los gustos; y no creo que ninguno de los que disculpa el montaje de Rodiezmo me niegue que los dos casos anteriores son manipulaciones, minúsculas sí, pero precisas y alevosas.

Aguardo con sumo interés qué dirá Arcadi Espada en el blog de El Mundo por dentro. Aguardo a que termine sus vacaciones, porque si es verdad que es suyo y se lo follará cuando quiera, también lo es que hizo un tremendo casus belli de una cuestión de ángulos de enfoque con Javier Bauluz. Esto hablando de fotos, porque si nos ponemos a recordar la conspiración del 11M, a mí al menos, sólo me vienen a la cabeza improperios salvajes. En fin, es lo que tiene ir doblando tanto la moral, al final te cabe en el bolsillo y te olvidas de ella.

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