sábado, 17 de octubre de 2009

Cada efebo importa


Escribo esto antes de que comience la enésima manifestación contra la reforma de la Ley del Aborto. Antes de que se convierta en un problema de matemáticas (porque los precedentes nos demuestran que quienes suelen acudir a estar concentraciones cuentan los centenares por millones); porque en realidad se trata de una cuestión de distorsión del debate.

Coincide esta manifa con el día en el que se conoce la sentencia de la clínica Isadora, donde al final no pasó nada. Bueno sí, que unos guardias civiles entraron a saco en la clínica para llevarse contenedores, fueron a los domicilios de pacientes de la clínica para pasarles por delante de la cara de sus familias y vecindario que eran unas perdidas; y para que Ana Botella se marcara un hito en la historia universal del no sentido del ridículo contando snuff movies de niños triturados.

Vamos, que qué nos importan los hechos si ya tenemos nuestra opinión formada y avalada por las sagradas escrituras. Los mismos que hoy agitarán pancartas en defensa de los cigotos le restan importancia a follarse niños completamente formados. Son efebófilos, dicen. Pues digámosles que cada efebo importa, y mucho más que los cigotos.

Por cierto, caemos (y yo el primero) en su trampa, porque antes que entrar en cuándo empieza la vida, esta ley lo que busca es que las mujeres que decidan abortar no tengan que ir a la cárcel, o sufrir persecución ni vergüenza pública por una decisión que seguramente hayan tomado con enorme tristeza. Y no, no es una cosa que nos imaginemos con malicia, es que esa sentencia que se ha conocido hoy demuestra lo inquisitoriales que aún son estos señores. Que nos acordamos de lo de fulanas y frescas.

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