martes, 20 de octubre de 2009

Cándido Kagemusha


En Kagemusha: la sombra del guerrero, Kurosawa dibujó un cuento arquetípico, el del impostor que acaba poseído por el papel que representa, el del cobarde que termina mostrando un valor auténtico porque tiene que fingir ser un valiente. Hay muchas variaciones de ese cuento que se repite a lo largo de la historia y las culturas.

Algo de Kagemusha lo tuvo ayer Cándido Méndez, secretario general de la UGT en su enfrentamiento con el líder de la patronal a cuenta de cómo resolver la crisis.

Sí , a los sindicatos hay muchas cosas que reprocharles, pero al alegato de Méndez no se le puede tocar una coma. ¿Qué recomendaciones vamos a tomar en serio de organismos y entidades económicas que se pasaron la última década alabando las virtudes del laissez faire sin intuir el desastre que se avecinaba? ¿Por qué van a servirnos las mismas recetas neoliberales para arreglar sus propios desaguisados?

Lo triste es que, a diferencia de los primeros meses de la crisis (cuando los neocon temblaron y rogaban entre lágrimas la intervención estatal en la economía), con el paso del tiempo el pasotismo general (tanto dejar hacer, tanto dejar pasar) los ha animado a volver a las andadas. ¿Por qué no? El descaro absoluto --como los ejecutivos de SOS, que se suben el sueldo mientras presentan un ERE-- se salda sin castigo. Muchos trabajadores sufren los efectos de la crisis, pero ningún gestor se ha responsabilizado de nada. La crisis le ha dado la razón a la socialdemocracia pero también tiene que achantar con ella y el tiempo corre en su contra. La mayoría de los trabajadores que se han (nos hemos) ido al paro no se pararán en repensar a Keynes, sino en si volverán a llevar una nómina a casa.

Que Cándido haya tenido este enfrentamiento con un representante de la patronal impresentable (porque es un empresario fracasado que adeuda 4 meses de salario a sus trabajadores) y que ni siquiera el asunto haya salido en el debate es una muestra de lo poco bravos que estamos para señalar a los verdaderos culpables. De verdad que hay tanta gente libre de pecado que habría que medir con milésimas de segundos quien lanza la primera piedra. Si nos atreviéramos.

2 comentarios:

Fet dijo...

La revolución ha muerto, Maese Lordo. La mataron un 4x4 y un plasma de 52 pulgadas.
Puto mundo.

Lordo dijo...

No quiero revolucionarios, quiero rebeldes.