martes, 6 de octubre de 2009

Depredadores


Uno de los pilares en los que se basa el liberalismo es esa versión infantil del darwinismo aplicada a la sociedad y la economía según la cual el mercado premia a los que hacen las cosas bien (es decir, producen beneficios) y aparta con desdén a los pocos productivos (a los looser, perdedores). Según sus seguidores, se trata de visión dura e inmisericorde de la vida pero, añadirán, ¡qué narices!, así es el mundo, y si no os gusta aprendereis por las bravas.

Que el mercado se regula muy bien solo es una falacia que ya sólo es posible sostener haciendo gala de una dureza facial que se sale de los límites físicos que recoge la tabla periódica de elementos; que además estos liberales nos quieran hacer creer que su sistema premia a los que hacen lo correcto y castiga a los que fracasan es el colmo. ¿O cómo se explica la subida de los multimillonarios sueldos de los consejeros de la banca hispana, los mismo que dirigen entidades que han sufrido pérdida de beneficios?

Pues porque, en realidad, no estamos hablando de personas con ninguna ideología. No se trata de que sean liberales, ni necocon, ni conservadores, ni nada. Son simples depredadores, y en ese sentido sí que les vale el símil que tanto les gusta y les sirve para asentarse en la cúspide de la cadena alimenticia. Pero hay un problema, son depredadores sin control en el ecosistema, a punto de cargarse al resto de especies de su entorno, a su paso sólo dejan un yermo, no funcionan bien como elemento de control del equilibrio natural. Son un plaga.

Si quieren que sigamos con la metáfora lo mejor sería explicarles más pronto que tarde a esta banda que tenemos pesticidas y sabemos como usarlos.

Estos son, efectivamente, los culpables de la crisis y los verdaderos malos de la película, pero si los Estados, y en nuestro caso el Gobierno de España no toma ninguna medida, no emprende la más mínima represalia, seguirá comiéndose el marrón del pozo económico en que nos han sumido. Y tendrán razón en reprocharles su pasividad.

1 comentario:

José Ignacio dijo...

Así se habla, llamando a las cosas por su nombre.
Ebhorabuena.