sábado, 10 de octubre de 2009

La tesis de Amenábar


Bueno, Amenábar ya tiene su tesis. Con esta pequeña broma voy a cerrar las críticas a su nueva película Ágora, que aunque peca (y esto es otra broma) de momentos de cierta redundancia tediosa mientras la buena Hipatia se dedica a cambiar círculos por elipses; en general a mi sí me gustó.

Ágora es un filme contra el fanatismo religioso. Desde luego destacando en primer lugar el cristiano, pero no se oculta que los judíos también podían tirar piedras de domingo a viernes; y que fueron los paganos los que primero desenvainaron las espadas. Con estos mimbres básicos y dado que la protagonista es una mujer, una figura excepcional que se levanta en un mundo de hombres (no hay más fémina en el reparto que las extras) y que aboga por la duda de todo frente a la certeza revelada de las escrituras, no extraña que a tanta gente se le pongan los pelos de punta.

Pese a lo que he leído por ahí, la película no se hace larga aunque su metraje sí lo es. Disfruté de los planos espaciales que se acercan a Alejandría a la manera del zoom de Google Maps, porque pienso que tienen sentido con la trama que se relata. Las interpretaciones son, la mayor parte del tiempo, dignas sin ser mucho más pero tampoco menos. Lo que importa es la tesis.

¿Cuál? Que otro mundo fue posible, uno en el que se hubiera podido optar ya en el siglo II por las matemáticas y el empirismo frente a las ordalías y las lecturas de los sagrados evangelios. Esto es así, no como si hubiera podido ser un mundo rosa, sin duda, pero también que no tendría por qué haber sido tan negro. Incluso (y esto es raro para mi) no me molestó la historia romántica que se engarza en la trama del filme. El amor de Orestes por Hipatia (nunca correspondido, pero que no ceja) sólo se verá interrumpido por la conveniencia política en la que se ha convertido la fe. Para la mayoría será Cirilo el malvado de la película. Yo creo que es peor el antiguo discípulo que regresa hecho un obispo. Él será el que, pese a tener delante de las narices la inocencia de Hipatia y el taimado proceder de Cirilo, apostará por la condena de la filósofa (si no se convierte) porque "las escrituras no mienten" y dicen que las mujeres deben callarse. La pasión del esclavo Davo dulcifica el final histórico de Hipatia, pero es una licencia que puede permitirse.

Ágora es un buen peplum del siglo XXI, un género que necesariamente nunca más podrá tener el inocentón proselitismo sagrado de Quo Vadis, Ben Hur o, incluso Espartaco (que aunque es poco, se nota). Por eso precisamente, yo recomiendo que se programe la nueva película de Amenábar en las emisiones de la televisión española durante la Semana Santa por los siglos de los siglos. Para compensar.

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