
La sexta entrega de la saga,
Harry Potter y el príncipe mestizo, estaba editada y enlatada lista para ser estrenada en las salas de cine las pasadas navidades, pero las
premieres se retrasaron para este verano. Dijeron entonces que se trataba de una estrategia comercial, ya que la Warner contaba con bastantes previsibles taquillazos para el invierno y ninguno o muy pocos para las vacaciones estivales. Después de haber visto la película me planteo si el retraso no estaría debido, en realidad, a la vergüenza que les tuvo que dar ver el montaje final.
El príncipe mestizo es mala, muy mala, con mucho la peor película de la serie; y es una pena porque el libro no lo es. Hay dos tramas principales en el argumento de este volúmen: uno es el progresivo enamoramiento de los protagonistas (Ron y Hermione, como clásico ejemplo de pareja que no pueden vivir juntos ni separados; y Harry con Ginny, relación que se va cociendo a fuego lento desde La cámara secreta). En esto se apoya principalmente la película; el otro asunto, la indagación en la biografía de Voldemort, con el descubrimiento de los horrocruxes; y que culmina con la muerte de Dumbledore, ha quedado en segundo plano, en un avance incoherente y sin gracia.
Que sea Snape quien mate a Dumbledore tiene su intríngulis. Es una sorpresa cuando se lee el libro porque parece demasiado fácil; es decir, Snape es el profe siniestro que abomina de Potter desde su primer día en Hogwards; le tiene manía, no oculta su antipatía, en repetidas ocasiones el protagonista se plantea si, en realidad, no será un servidor del señor oscuro... Como lector son demasiadas pistas como para tomarse esa sospecha en serio, es tan evidente que no te imaginas que vaya a ser él el asesino. Por supuesto, todo tiene una explicación, pero se verá en la siguiente entrega que la Warner, en su afán de codicia sin freno, ya se ha planteado dividir en dos filmes.
No, muy mal, es preciso siempre (pero todavía más en una obra dirigida al público infantil) manejar con equilibrio la redundancia; aquí pasa desapercibido el misterio de quién es el Principe Mestizo, los flash back en forma de recuerdos sobre la estancia del joven Voldemort en el colegio se muestran a trancas y barrancas; en fin, la escena de los alumnos y profesores empuñando sus varitas iluminadas al cielo tras la muerte de Dumbledore da vergüenza ajena.
Vale, ¿que lo que se trata es de mostrar que los estudiantes de magia también tienen picores y hormonas adolescentes? Pues para eso me vuelvo a ver Porky's que tiene más gracia.
Reconozco que tiene interés ver cómo el público ha crecido con los personajes y ya miran de otra manera a la empollona Hermione, pero si ese es el juego, vamos a jugar bien:

¡¡Uh!! Se le ven las bragas...
Y además, la da a la birra, como es muggle...