miércoles, 20 de enero de 2010

Forasteros


Ya está aquí, la respuesta del conservadurismo a la crisis pasa por el racismo, eso sí, bien vestido de legalismos. Nada de xenofobias sino burocráticos problemas con el padrón municipal. Es el primer aviso. Primero ocurrió en Vic --donde gobierna un triparto entre PSC, ERC y CiU-- que dio alas cuatro días al PP para poder jugar a los inmaculados. No duró mucho la representación porque en Madrid lo de las trabas al padrón se estila en Torrejón de Ardoz y, además, el PP catalán ya ha hecho suya la triste proclama de que aquí "no cabemos todos". Peor todavía, se han vuelto a sacar de la manga el "contrato de integración" como si la ley no bastara para todos, inmigrantes o nacionales, como si ahora fuera liberal regular las costumbres de los demás. Pero a eso ya les contestamos.

También dijimos antes, tras los resultados de las elecciones europeas, que este iba a ser el camino de la derecha en el continente (y no soy de los que lamenta haberse adelantado, lo digo con mucho orgullo). Ojalá se tratara de un caso de facherío español, pero hay demasiados indicios en Italia para tomarse muy en serio la creciente avalancha anti-inmigrante con la que viene dispuesta a dar la campanada la gente de orden. Cuidado, se trata de un problema muy serio porque tiene muchas posibilidades de calar en un electorado castigado por el paro, no es ninguna broma, y puede tener efectos catastróficos. En este asunto, Europa debe estudiarse muy bien su pasado porque no puede presumir de nada, o de muy poco.

¿Qué hacer? Primero abanderar sin complejos los derechos humanos, porque es lo más justo y también lo más eficaz, tienen verdadera mala baba los que hablan de "no caber" y de "ilegalidad" de los inmigrantes cuando pasan de largo sobre el hecho de que alguien ha querido lucrarse con esta gente ofreciéndoles trabajo sin los debidos derechos sociales. Así se causa un perjuicio triple, primero a estas personas a las que se explota de forma rayana en la esclavitud, luego a los nacionales a los que se empuja a competir a la baja (en salarios y en derechos) a la hora de buscar un trabajo, y por último al Estado, al que se defrauda restando recursos para el bien común. Es una vergüenza que hablen de ilegales los que no denuncian a quienes fomentan el mercado negro, es una vergüenza que hablen de problemas en la sanidad o la educación por su llegada los que sistemáticamente se dedican a favorecer los intereses privados en estos ámbitos, ya sea concertando hospitales o colegios. Se está acusando con el dedo a la víctima y nadie habla de los verdaderos culpables.

Segundo, hay que combatir la demagogia con información. Mucha gente cree que hay un desembarco masivo de pateras y no es cierto, la mayor parte de los inmigrantes llega en avión. Se extiende el bulo de que gastan en servicios sanitarios y es falso, más aún, los perjuicios a nuestro sistema sanitario nos los han causado lechosos británicos y otros jubilados.

Tercero, hablar de buenismo es hacerle el juego a la xenofobia. No se trata de recibir con besos a todo el que venga, se trata de respetar y exigir que se respete la ley. Quien llegue malherido debe recibir atención médica, los menores deben recibir formación, los delincuentes deben ser perseguidos, nadie debe recibir castigo o ventajas por sus creencias religiosas. Todo esto debe aplicarse por igual a inmigrantes y nacionales, y ha habido dejadez por y para todos.

Por último, es hora de plantear este debate y sus posibles respuestas a escala europea, de nada valdrá ganar una batalla aquí o en París se se pierde la guerra en Polonia o Rumania. A la derecha le conviene fomentar el nacionalismo en las instituciones europeas a la izquierda no y parece que no se ha dado cuenta. Empezad a pensar a lo grande o vuestro radio de acción se va a quedar verdaderamente pequeño.

No hay comentarios: