viernes, 15 de enero de 2010

Monja, monja, jamón, jamón


Por un vez un obispo se ha desmarcado del guión y, ante una metedura de pata, no ha salido diciendo que le han malinterpretado. Bueno casi, Munilla, nuevo obispo de San Sebastián, que ayer dijo que peor era la pobreza moral de Occidente que la muerte de los niños en Haití, dice ahora que se le ha manipulado (nada de malas interpretaciones) y que él hablaba en un plano teológico. Bueno es que no haya caído en la tentación de decir que le persiguen por españolista, a cuenta de las divisiones que ha provocado su nombramiento. En ese asunto a mí todos los bandos me parecen igual de inanes.

El caso es que no parecen de mucho peso sus argumentos teológicos. Viene a decir que, total, esos niños aplastados, mutilados, huérfanos o agonizantes, van directos a la felicidad eterna viendo el rostro del Señor en los cielos. Otra cosa es lo que se vive aquí --con agua corriente, calefacción y sanidad pública-- que hemos acabado dándoles los mismos derechos a los homosexuales que al resto de la población, y hasta no metemos a la gente en la cárcel por querer abortar. Fíjese usted, dónde va a parar. Lo cierto es que ese razonamiento para quitarse de la sotana a los niños muertos ya fue respondido hace tiempo por Dostoyevski en Los hermanos Karamazov, por boca del ateo Iván. ¿Qué dios es ese que permite el sufrimiento de los inocentes?, ¿a costa de qué, de un final hermoso al final de los tiempos? ¿Y para eso dejó pasar tanta sangre, tanto dolor y tantas lágrimas? Un dios que nos exigiera abrir niños en canal por los siglos de los siglos con la promesa de que, al final, se resolverá todo, es un malvado. Es el enemigo.

Pero en esto Munilla es coherente, actúa coincidiendo con el resto de la conferencia episcopal que se ha manifestado más veces por el mariconeo que por la pobreza o el hambre. Tienen el mismo rigor teológico que ese juego de palabras que nos permitirá oír la palabra "jamón" si decimos "monja" muchas veces seguidas. O quizá es un concurso privado entre los obispos españoles por ver quién dice la tontería más gorda, y hasta ahora iba ganado el de Granada con su justificación de los malos tratos por el aborto. Puede ser, los premios del Vaticano son inescrutables.

No hay comentarios: