domingo, 3 de enero de 2010

¡Rediós!


Se está poniendo difícil lo de blasfemar, no lo digo ya por la ley infame que han aprobado en Irlanda en el año nuevo, sino porque lo que en tiempos pasados se consideraba un pecado mortal de necesidad, hoy ya es casi el pan nuestro de cada día --y esto, por supuesto, lo digo con toda la intención--.

Una señora muy mayor me contó una vez uno de los episodios más terroríficos de su infancia cuando, a la salida de la iglesia en el día de su primera comunión, su abuela la vio escupir porque se le había metido algo en la boca. Con la amenaza del fuego eterno, la pobre niña se compungió, se preparó para la confesión y dura penitencia, y después --en la mejor tradición del sincretismo pagano que en realidad se practica en Asturias-- la abuela se la llevó a una cueva a besar la tierra. Ni ella ni yo entendimos nunca por qué. Que las comuniones de hoy se hayan convertido en una ceremonia para jugar a las princesas (para las niñas) y en el rito iniciático en el que te ganas definitivamente el derecho a poseer la consola de vídeojuegos último modelo (para niños y niñas, en general) parece que no le importa ni poco ni mucho a ningún prelado. Lo de Irlanda llega días después de esa megafiesta consumista de langostas en la que se ha convertido la conmemoración del nacimiento del mesías cristiano sin que ningún cristiano sienta la menor ofensa. Por meter un poco más en el dedo el ojo voy a recordar aquí que el mismo Estado irlandés que tan preocupado está por que se pueda herir la sensibilidad religiosa fue condenado el año pasado por ocultar de forma deliberada el abuso sexual sistemático que sus buenos sacerdotes practicaban con todo efebo que cayera en sus manos. Minucias lo de encular a un huérfano, pero ¡ay de él! como suelte un fuckchrist! mientras le desgarran.

Coincide esta noticia en el tiempo con el intento de asesinato de uno de los dibujantes daneses de las famosas caricaturas de Mahoma (esas de ahí arriba) porque hay gente a la que una multa le parece poco y pese a su fe inquebrantable no tienen paciencia para la justicia divina, ya están ellos para aplicar sentencias expeditivas. Que el juicio final hace milenios que se retrasa y, además, tiene pinta de que va para largo. Unos con hacha y cuchillos y otros con decretos, lo cierto es que se parecen más de lo que ambos quisieran reconocer.

Porque --y vuelvo a lo que iba al principio-- cosas muy cotidianas ya no se consideran blasfemas (cuando lo eran hace no tanto) porque ya nos va costando cada vez más escandalizarnos y para ofender de verdad --como con las caricaturas de Mahoma-- hay que llegar a lo que se suele llamar mal gusto. ¿Y qué? hasta lo soez debe estar protegido por la libertad de expresión, las guarradas extremas del Hustler de Larry Flynt son un ejemplo perfecto, con película y todo.

Poniéndome pedante puedo recordar el relato de La biblioteca de Babel de Borges, en que el que el protagonista llega a la conclusión de que nada puede ser dicho sin que sea (en un idioma pasado o futuro) una invocación o, también quizá, una blasfemia.

Pero, y aunque yo sea un ateo beligerante y faltoso, podría terminar poniéndome piadoso. Y me pregunto de buena fe si la gente verdaderamente religiosa no considera la mayor de las blasfemias que tanto zoquete tome el nombre de su dios para hacer daño, para levantar prohibiciones y amenazas, para infundir el miedo y extender la desgracia. Eso sí que es sacrílego; y qué poco hacen para evitarlo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

http://www.periodistadigital.com/politica/gobierno/2010/01/05/zp-ofrece-sueldos-8000-euros-a-periodistas-bruselas-zapatero.shtml

Mira que buena oportunidad de trabajo
Por cierto, utilizo el enlace a esta página, que es tán plural, como el plural de Enric