viernes, 5 de febrero de 2010

Cuchillo de palo para La Voz


"En casa del herrero cuchillo de palo" es un refrán que conocen bien todos los periodistas. En los medios siempre (o casi siempre) habrá espacio y tiempo para denunciar ante la opinión pública despidos y desmanes laborales de los más variados sectores económicos. Todos menos uno, el propio. Porque la prensa vive en la más extrema ley del silencio, más callada que la mafia, a la hora de hablar de los despidos de periodistas. De los propios o de los de la competencia.

En esta semana se ha culminado la última purga en La Voz de Asturias. Purga porque ha habido mucho más que motivos económicos para cerrar el acuerdo de venta entre el Grupo Zeta y Público del periódico con la salida de alrededor de una treintena de trabajadores. 30 números más (para los prohombres de nuestra economía los curritos no son más que números) para sumar a la docena que nos fuimos el pasado mes de abril en el ERE abierto por todo el Grupo Zeta.

Desconozco --y no tengo tiempo, ni ganas, sólo rabia-- la legalidad de apañar tal número de despidos sólo 9 meses después de que la autoridad de Trabajo haya dado su visto bueno a un ERE que, en teoría, se lleva a cabo para garantizar la viabilidad de la empresa. Nunca sabremos la respuesta, pero digamos aquí nuestra pequeña verdad.

En los despidos presentes de La Voz de Asturias --en los que Zeta y Público han querido jugar al poli bueno y el malo a veces, y otras a la mano derecha inmaculada que deja que la izquierda le haga el trabajo sucio-- no ha pesado ningún criterio empresarial, ni de reorganización laboral. Se ha despido en bloque a los 11 redactores más jóvenes que en el pasado ERE denunciaron que trabajaban sin contrato y ganaron en los tribunales los derechos que la ley del silencio de la prensa les negaba. A ellos se ha sumado una torna de otra decena, pero de los denunciantes no ha escapado ninguno. No ha importado la sección del periódico en la que trabajaran, sus cualidades profesionales ni su experiencia mayor o menor. Su delito, su culpa, su tremendo pecado no ha sido otro del que querer gozar de los mínimos derechos laborales: tener un contrato, que la empresa les reconozca como asalariados, que se les pagara como al resto de compañeros la misma bonificación por trabajar los domingos. Ser iguales que el resto, ¡qué arrogancia!

Hoy que se va a discutir una propuesta de reforma laboral, que se discutirán los años de cotización, la edad en la que podremos jubilarnos. Sabed que los medios de comunicación que os lo cuentan callan sobre las condiciones de trabajo que imponen a sus escribas (eso quieren) y que, hasta que hablen, toda indignación, matiz, crítica, elogio, o lo que sea que escriban en sus editoriales no será más que pura hipocresía. Un cuchillo de palo con que nos apalean.

Actualizado: El increíble Juan Vega me enlaza el artículo en ECTV. Lo hace después de denigrar en el segundo comentario de la nota a los que hicimos el blog No Cerreis La Voz en el pasado ERE, y una vez más, tratando de arrimar el ascua a su sardina. Si de enero a marzo se pasó el trimestre calumniando con la inminente venta de La Voz a Carlos del Castillo para hacer una plataforma "arecista" --falacia que sólo soñó él y sus secuaces y que, es evidente, era del todo incierta-- ahora puede seguir con la matraca aprovechando el despido de más trabajadores para cargar contra Roures y sus otros fantasmas personales. Sigo esperando una disculpa por tus mentiras. Dentro de unos meses tendremos que exigírtelas por las que cuentes hoy.

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