jueves, 4 de febrero de 2010

El traje nuevo de Adolfo


No deja de ser curioso que haya sido un modisto, encargado de vestir a la gente, quien haya mostrado de manera tan desnuda el afán depredador del liberalismo mal entendido. Adolfo Domínguez --empresario, por llamarle algo, al que no pienso comprar nada en lo que me resta de vida-- se despachó ayer con una sarta de tópicos en los que no faltó ni el manido recurso a la falta de esfuerzo de los trabajadores ni la hipótesis nunca demostrada de que detrás de cada baja por depresión se oculta un malvado interés de cogerse un año sabático por la cara.

Bueno, Adolfo primero nos habló de las bondades del despido libre porque estimularán a los empleados a ganarse "cada día" su puesto. Quizá esté pensando en hacer contratos de un día, o directamente no hacerlos, como parece que se estila en sus factoría de Marruecos y China (aquí se recogen un par de denuncias genéricas sobre el sector textil que le incluyen). ¡Ah!, los derechos laborales, las bajas por enfermedad, la prohibición del trabajo infantil... ¡qué tremendas cargas para los emprendedores, aquellos que sólo quieren aportar su capital e ideas por el progreso!

Pero he aquí que Adolfo se mostró como es realmente, con su traje nuevo del emperador que no es otro que lucir en bolas, cuando ese esfuerzo que reclama para los currelas le parece un obstáculo insalvable para los empresarios. Fue "solidario" con el presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, en oposición a "algún pillín" que --según él-- anda por los sindicatos. Y no seré yo quien me ponga a defender a los sindicatos a estas alturas, pero si a Adolfo le parecen esos pillines, ¿cómo llama él a no pagar a los trabajadores, adeudar millones a Hacienda, y dejar en tierra a miles de pasajeros en un pufo de Nochebuena? Eso sí que es pillaje, sastre.

En fin, una vez más, vemos que quienes se llenan la boca con la necesidad de que se asuman responsabilidades entre los trabajadores se olvidan enseguida del esfuerzo, o la necesidad de ganarse el puesto "cada día" si de lo que se habla es de ejecutivos, directivos y toda esa casta que se llaman a sí mismo emprendedores cuando las cosas salen bien, pero que se lamentan de la mala lotería que les ha tocado cuando fracasan.

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