lunes, 15 de febrero de 2010

Garzón o vencidos


Vencedores o vencidos tiene la virtud de que, además de tratar como el mejor cine clásico sabe hacerlo, el juicio de Nuremberg, lo hace escogiendo como asunto central el tribunal que juzga a los jueces que dieron carta legal a los crímenes nazis. Más allá de la reflexión sobre hasta qué hondo puede llegar la vileza humana se aborda además como el legalismo se presta en ocasiones a disfrazar con sus togas inmaculadas las mayores injusticias. El personaje de Burt Lancaster, el juez Ernst Janning, es un hombre atormentado, consciente de haber obrado mal, de haber colaborado en dar soporte legal al nazismo pero se siente ofendido cuando sus colegas tratan de escaquearse de sus responsabilidades por la "obediencia debida" o el mal entendido patriotismo.

¿Y aquí? Aquí no hubo ni habrá jamás un juicio similar a Nuremberg, ni nada que se le parezca. Jamás los tribunales españoles volverán a querer acercarse a juzgar los horrendos crímenes del franquismo. Quizá sobre los ataques a Garzón haya más de mezquindad e inquinas personales que interés en dejarlo todo atado y bien atado como quiso el dictador en su testamento. Quizá. Pero la patada que sus colegas en puñetas quieren darle a Garzón se la dan bien fuerte en el culo de las víctimas de la represión franquista. A los vencidos, dejando tranquilamente que un partido fascista como La Falange haya tenido acceso, por su personación en la causa, a los datos de todos esos familiares que buscan a sus muertos tirados por cunetas y fosas comunes. Cosas así son las que nos hacen añorar que no haya habido aquí jamás una depuración ejemplar como en Alemania, lástima de que no haya Nuremberg en España, qué pena, qué asco.

Ernst Janning le ruega al final al personaje de Spencer Tracy --el juez que le ha juzgado-- que piense que jamás creyó que se pudiera llegara a esto. "Se llegó a eso la primera vez que condenó a un inocente a sabiendas", le responde Tracy. Pues eso.

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