lunes, 8 de marzo de 2010

En su lugar


Por razones de trabajo, una vez tuve que comerme una misa solemne en la basílica de Santa María la Mayor, un oficio en el que participaron varios obispos y decenas de sacerdotes, dos coros, un conjunto de viento y una hermandad de esas católicas freaks que visten con capa. Fue un espectáculo maravilloso. La calidad musical (que era mucha) tuvo buena parte del mérito, pero ver desarrollarse una liturgia mucho más compleja que una misa dominical en un templo de esas características me pareció algo hermoso. Sentí algo semejante cuando entré por primera vez en Notre Dame y me topé por casualidad con los ensayos de su coro para la Semana Santa. Hasta un ateo vehemente como yo puede apreciar que se saborea mejor el gozo estético de una bóveda gótica si está sirviendo para la función por la que fue construida.

Digo esto porque cualquiera alcanza a entender que la música se disfruta mejor en un concierto que escuchada en un disco; que una buena película está hecha para ser vista en un cine (que es proyección) por bueno que sea el home cinema (que sigue siendo emisión) que te hayas montado en casa; y (ya llego) que una buena serie de televisión da gusto verla en la caja tonta.

No hablo sólo del aparato de televisión. Lo hice así con Los Soprano, y desde los inicios que me engancharon lo hago con Lost, me gusta ver las andanzas de los perdidos en su isla con interrupciones publicitarias, con pausas para hacer pis, me hace disfrutar más el desarrollo de la serie esperar una semana al siguiente capítulo y comerme las uñas después de cada final. Lo he hecho así desde el primer capítulo, temporada a temporada, primero en la Fox y este año en Cuatro, hasta hoy. Ya no más.

Primero la Fox me ofrecía hasta tres alternativas de horario semanales que podía ir ajustando a mi irregular jornada laboral. Con el paso de las temporadas fue reduciendo la oferta y acabé en los martes a las 22.30 de Cuatro, acordes con el sueño de los bebés y que presumía sería firme y garantizado después del despliegue a bombo y platillo que exhibió la cadena para emitir la temporada final. Hasta esta semana. Que os den.

Paso de programadores idiotas que en los tiempos de la TDT, el despliegue de canales autonómicos, la era de internet y las videoconsolas siguen soñando con hacer audiencias masivas como cuando Uri Geller estafaba al personal doblando cucharas en el programa de Íñigo. Paso de soberbios cantamañanas que siguen pensando que pueden hacer tragar al personal con lo que les salga de sus despachos. He sido un nostálgico bobo, pero me paso al P2P. Y me habéis echado vosotros, mañana cuando lloréis el fin de una época en la televisión y maldigáis el auge de los piratas, coged primero el diccionario, buscad la palabra "respeto", y pensad si alguna vez lo tuvisteis por los espectadores. Gilipollas.

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