lunes, 8 de marzo de 2010

La Carretera: Un padre de puta madre

Ni una candidatura a los Oscar en el año en el que por primera vez una mujer se llevó el de mejor directora; y víspera del Día de la Mujer, no se me ocurre un momento mejor para hablar de qué me pareció la adaptación al cine de la espléndida novela, The Road, de Cormac McCarthy, uno de los textos que más me ha conmovido.



*(spoiler)
Claro, me gustó más el libro, y aún así diré que me gustó mucho la película, con una ambientación inquietante y unas interpretaciones maravillosas por parte de Viggo Mortersen (el hombre) y Kodi Smit-McPhee (el niño). Todo el mundo ha hablado ya de la dureza de su representación del apocalipsis, de la crudeza del terror caníbal --aunque el horror extremo del libro no se ha llevado a la pantalla por entero; cierto, se reproduce la escena de los hombres mutilados almacenados aún vivos en una despensa, pero no la mucho más estremecedora escena del trío, con una mujer embarazada, que cocina al bebé horas después del parto-- o del supuesto final feliz de la historia (¿lo es realmente?, ahora dudo). Menos se ha hablado de la representación del padre que ofrece esta gran historia y del nuevo modelo de masculinidad que descubre. Algo he podido leer en este buen artículo de Slate.




En efecto, el hombre de The Road tiene, como en muchas otras obras de McCarthy, virtudes tradicionalmente asociadas a los varones. Es un técnico previsor (llena la bañera de agua en el momento en que conoce la hecatombe, sabe que la necesitará y no pierde la calma), es ingenioso y diestro (sabe fabricar un filtro para el agua, que hierve ante de beberla; sabe adaptar y arreglar las ruedas del carrito), es hábil, parece ducho en técnicas de supervivencia; en fin, amigos, se guía con un mapa.

Menos usual --y he aquí el valor de la novela-- es ver a un padre preocupado por el cuidado del niño. Se muestra de una forma novedosa y más aún en una historia en la que la madre ha desertado, optando por el suicidio. Es nuevo porque me parece una de las primeras manifestaciones de un rol masculino positivo alejado de los cánones del patriarcado tradicional, y en una época en la que --fuera de las representaciones conservadoras, que me suelen repugnar--, es realmente difícil encontrar una visión positiva de lo viril. Lo grande de La Carretera es como conjuga, en unas pocas líneas de distancia, el terror absoluto con la ternura más cálida. El padre recorre con los dedos la columna del niño mientras duerme y sufre por lo flaco que está, en los pocos momentos de tranquilidad, calor y comida que encuentran en un refugio subterráneo se ocupa de bañarlo y cortarle el pelo. Le ha enseñado a leer. La despedida del padre moribundo en la playa, dejando solo a ese hijo en un mundo devastado pone los pelos de punta. Dice algo tan sencillo (y aún tópico) como "te he querido con todo mi corazón", pero cómo lo dice Mortersen, eso lo hace especial.

Es una historia a la que volveré muchas veces.


*Para los quejicas ;)

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